Por Miguel Cocom
Antes de que aparecieran los pinceles, hubo conversaciones. Pescadores que recordaron cómo aprendieron a observar y leer las mareas, mujeres que compartieron historias que terminaron entre lágrimas, niñas y niños que dibujaron el mar desde la realidad que hoy conocen. Todo ese cúmulo de memorias terminó convertido en dos murales comunitarios inaugurados este sábado en el corazón de Chicxulub Puerto.
La intervención artística, impulsada por los colectivos Entre Redes y Mares, Jardín del Pulpo y Arrecife Escolar, forma parte de un proceso de educación ambiental que buscó escuchar primero a la comunidad antes de plasmar cualquier imagen sobre el muro.
Durante varios meses, las organizaciones realizaron conversatorios con pescadores, mujeres e infancias para recopilar relatos sobre la vida cotidiana ligada al mar, la pesca y los cambios que ha experimentado la costa.

«Lo que buscamos fue recopilar memorias, historias y costumbres que la gente nos iba contando, desde sus infancias hasta cómo ven la actualidad y las problemáticas presentes, para retratar todo eso en el mural», explicó Maximiliano Vargas, integrante de Jardín del Pulpo.
Entre los temas que surgieron durante esos encuentros aparecieron la importancia económica y cultural del pulpo maya y el mero, la presencia constante de delfines y flamencos como parte del paisaje cotidiano, así como los cambios generacionales en la relación con el manglar.
«Las personas adultas tenían muchas memorias del manglar porque convivían directamente con él. Hoy muchas niñas y niños ya no tienen ese contacto, aunque sigue existiendo la tradición familiar de llevarlos a aprender la pesca», relató.

Un mural construido desde las emociones
Para Salvatore Martini, también integrante de Jardín del Pulpo, uno de los encuentros más significativos fue el realizado exclusivamente con mujeres de la comunidad.
Más que un taller, terminó convirtiéndose en un espacio para compartir recuerdos y emociones alrededor del océano.
«Les pedimos escribir una carta al mar y otra imaginando que el mar les respondía. Al final todas terminaron llorando. Salieron historias muy fuertes y muy bonitas que logramos reflejar en el mural», recordó.
Una de las anécdotas que más lo marcó fue la de una mujer que confesó sentirse plenamente feliz pescando, tanto que preferiría morir mar adentro que en tierra firme.
«Ella decía que prefería irse al mar y no regresar antes que dejar de salir a pescar. Esa pasión por el océano nos mostró lo importante que sigue siendo para muchas familias.»
El mar contado por su propia comunidad
La artista Claret Anaya, de Arrecife Escolar y responsable del diseño de los murales, explicó que el objetivo nunca fue llegar con una obra prediseñada, sino construir una pieza a partir de la identidad local.
«Preguntamos qué les gustaría ver en el mural, qué los identifica como comunidad y qué problemáticas querían visibilizar. Con todas esas entrevistas y los dibujos de los niños construimos el boceto».
Entre los elementos representados aparecen una abuela enseñando a elaborar redes de pesca, una mujer pescadora, el pulpo maya, el manglar y diversas especies emblemáticas del litoral yucateco.
También incluyó edificios al fondo del paisaje: «Quise contrastar esos hoteles y construcciones con toda la riqueza que todavía nos ofrece la naturaleza».

Anaya explicó que, además de embellecer un espacio público, el mural funciona como una herramienta permanente de educación ambiental.
«La gente primero se acerca porque está bonito. Luego empiezan las preguntas. Ahí aprovechamos para hablar del pulpo maya, del mero, de las vedas o del manglar. El mural se convierte en un detonador para seguir aprendiendo».
Entre las participantes estuvo María Pech, habitante de Chicxulub Puerto, quien aseguró que la experiencia le permitió conocer una parte de la historia de su comunidad que desconocía.
«Me sorprendió saber que aquí hay mujeres pescadoras. Escuchar las experiencias de otras personas fue muy bonito y también hizo pensar en la importancia de cuidar el mar y las especies».
Para ella fue la primera vez participando en una actividad de este tipo.
Durante la inauguración, Karla Pech, integrante de Entre Redes y Mares, resumió el sentido del proyecto con una frase que atravesó toda la ceremonia.
«Hoy no estamos simplemente inaugurando un mural. Estamos inaugurando una conversación.»
La joven explicó que el arte puede convertirse en un puente entre generaciones y en una herramienta para fortalecer el vínculo entre la comunidad y los ecosistemas de los que depende.
«Porque el mar no solamente representa trabajo, creemos que para proteger lo que amamos, primero debemos entenderlo, valorarlo y sentirnos parte de ello y ese fue el corazón de este proyecto”, comentó.
Los murales forman parte de las acciones previas a la apertura de una biblioteca comunitaria impulsada por las organizaciones participantes y buscan convertirse en un punto de encuentro para nuevas actividades de educación ambiental en Chicxulub Puerto.




