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La conservación del manatí, una fuente de esperanza en Quintana Roo

En el sur de Quintana Roo, donde la bahía de Chetumal alberga uno de los refugios más importantes para el manatí en México, comunidades locales han demostrado que la conservación de la naturaleza puede convertirse en una oportunidad para fortalecer la economía familiar y proteger la biodiversidad.

El Santuario del Manatí, con una superficie protegida de 277 mil hectáreas, resguarda selvas, humedales, pastizales y sistemas lagunares que forman parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano. Además de ser hogar del manatí antillano (Trichechus manatus manatus), este territorio es escenario de un modelo de conservación comunitaria que involucra turismo responsable, monitoreo ambiental y emprendimientos encabezados por mujeres.

Uno de los principales actores es la cooperativa Yáalcab-Há, cuyo nombre significa «agua que corre». Aunque inicialmente sus actividades se limitaban a ofrecer paseos en lancha por la Laguna Guerrero y la bahía de Chetumal, con el paso de los años evolucionó hacia un proyecto de turismo de naturaleza con enfoque de conservación.

Francisco Juárez Medina, fundador e integrante de la cooperativa, explicó que durante los recorridos los visitantes conocen cinco zonas arqueológicas de la región y un mirador desde donde es posible observar manatíes en libertad mientras reciben información sobre la importancia de proteger la especie y su hábitat.

La abundancia de estos mamíferos sorprende incluso a quienes trabajan diariamente en la zona. En algunos recorridos, señala Juárez, han llegado a observar grupos de quince o más manatíes nadando juntos.

Guardianes comunitarios para proteger la biodiversidad

El trabajo de la cooperativa se complementa con el acompañamiento del Instituto de Biodiversidad y Áreas Naturales Protegidas de Quintana Roo (IBANQROO), donde el especialista Miguel Mateo Sabido Itzá impulsa desde hace años la participación comunitaria en la protección del manatí.

Como parte de este esfuerzo se han conformado comités de Guardianes Comunitarios acreditados por la Procuraduría de Protección al Ambiente del estado y se implementó un sistema comunitario de monitoreo de incendios forestales utilizando herramientas desarrolladas por la NASA.

Estas acciones permiten que las propias comunidades participen en la vigilancia de los ecosistemas y en la protección de la fauna que habita el santuario.

La pandemia impulsó un nuevo proyecto liderado por mujeres

La llegada de la pandemia de COVID-19 redujo drásticamente la actividad turística, por lo que las familias buscaron nuevas alternativas para generar ingresos sin abandonar su compromiso con la conservación.

Así nació el colectivo Mujeres BioFaunTásticas, integrado por artesanas que encontraron inspiración en la biodiversidad local para elaborar llaveros y figuras bordadas de especies silvestres.

El proceso inicia con el monitoreo de fauna mediante cámaras trampa instaladas por integrantes de la cooperativa, guardianes comunitarios y ejidos. Las fotografías obtenidas muestran la riqueza biológica del territorio y sirven como referencia para que las artesanas transformen a los animales en coloridos recuerdos hechos a mano.

Entre las figuras destacan manatíes, aves como carpinteros y charas yucatecas, además de venados, nutrias y tlacuaches.

Daniel, el manatí que inspira la conservación

Uno de los personajes más queridos del santuario es Daniel, un manatí residente que suele acercarse a las personas y se ha convertido en un símbolo para la comunidad.

Su historia inspiró a María Tila Martínez a elaborar un muñeco tejido con su figura, el cual rápidamente se convirtió en uno de los recuerdos más solicitados por quienes visitan la región.

Con el tiempo, las artesanas ampliaron su catálogo utilizando como referencia las imágenes captadas por las cámaras trampa, mostrando la diversidad de especies que habitan el Santuario del Manatí, la Selva Maya y el Sistema Arrecifal Mesoamericano.

El proyecto recibió apoyo de la Iniciativa Climática Internacional (IKI), impulsada por el gobierno alemán y ejecutada a través del Programa de Pequeñas Donaciones (PPD), lo que permitió fortalecer el emprendimiento durante la pandemia.

Actualmente, los llamados «animalitos BioFaunTásticos» forman parte de los recuerdos que adquieren visitantes y habitantes de la península de Yucatán.

Además de generar ingresos para las familias, el proyecto tiene un componente ambiental. María del Carmen Morales, integrante del colectivo, explicó que una parte de las ganancias obtenidas por la venta de cada llavero o muñeco se destina a actividades de conservación del manatí, jornadas de limpieza de playas y materiales para talleres infantiles de educación ambiental.

De esta manera, el turismo comunitario, el trabajo artesanal y la protección de la biodiversidad se han convertido en un mismo esfuerzo para conservar uno de los ecosistemas más valiosos del sureste mexicano, demostrando que el desarrollo económico y la conservación pueden avanzar de la mano cuando las comunidades participan directamente en el cuidado de su territorio.

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