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Vigilar los pasos del jaguar para proteger la selva de Calakmul

En Nuevo Becal, Campeche, hubo un tiempo en que conocer la selva significaba aprender a caminarla, reconocer las huellas de los animales y saber dónde encontrar alimento. Hoy, ese conocimiento sigue presente, pero las cámaras trampa, los drones y los mapas se han convertido en nuevas herramientas para una comunidad que decidió cuidar el territorio que durante generaciones le ha dado sustento.

Ubicado en la región de Calakmul, el Ejido Nuevo Becal comprende alrededor de 52 mil 800 hectáreas de territorio forestal. Ahí habitan especies como el jaguar, el tapir, el venado, el jabalí y el zopilote rey, mientras las familias mantienen actividades como el manejo forestal comunitario y la extracción de chicle.

En este territorio, la comunidad desarrolla un proyecto de monitoreo ambiental dentro de su Área Destinada Voluntariamente a la Conservación (ADVC), con el que busca generar información sobre el estado de la selva y las especies que la habitan.

Héctor Arias creció en este lugar y durante su juventud se dedicó a la cacería, tanto para obtener alimento como por deporte. Con los años comenzó a mirar la selva de otra manera.

“Me gustaba cazar, cazaba por dos cosas: por carne y por deporte, pero en el 2009 noté que podía centrarme en la conservación porque con la cacería puedes acabar con los animales y se acaban las ganancias”.

Su experiencia refleja un cambio que también ocurrió dentro de la comunidad: comprender que conservar la selva no necesariamente significa dejar de aprovecharla, sino encontrar formas de hacerlo sin comprometer su futuro.

“Buscamos que nuestra selva se recupere y se conserve porque nuestra relación con ella es estrecha”, explica Héctor.

La tecnología también camina por la selva:

Actualmente, habitantes de Nuevo Becal realizan recorridos y utilizan cámaras trampa, drones y herramientas de cartografía para observar los cambios en el bosque y registrar la presencia de fauna silvestre.

Las cámaras colocadas en distintos puntos han permitido documentar especies como jaguares, tapires, venados y jabalíes. Los registros ayudan a conocer por dónde se desplazan y cómo utilizan tanto las zonas destinadas a la conservación como aquellas donde existe aprovechamiento de recursos.

La información obtenida no permanece únicamente como un registro técnico. Es utilizada por la propia comunidad para tomar decisiones sobre su territorio.

Francisco Medina Sánchez, responsable de la planificación, recuerda que antes gran parte de ese conocimiento dependía exclusivamente de la experiencia acumulada durante generaciones.

“Antes, todo lo hacíamos con conocimiento tradicional: la gente decía ‘por aquí pasan los venados’ o ‘en esta zona la vegetación crece más rápido’. Ahora, con los drones y los mapas, podemos ver los cambios en el bosque desde el aire, identificar áreas críticas y planificar mejor nuestras actividades”.

Una nueva generación aprende a cuidar el territorio:

Norberto Juárez Durán, estudiante y participante del proyecto, ha colaborado en la instalación de cámaras en diferentes puntos del ejido. Para él, observar las imágenes obtenidas permite dimensionar la diversidad que permanece dentro del territorio.

“Hemos instalado cámaras en distintas zonas y lo más impresionante es ver lo que capturan. Es increíble pensar que esta es la casa de muchos animales y que nosotros podemos ayudar a protegerlos”.

La participación de las nuevas generaciones es importante para un ejido que piensa el manejo de sus recursos no solamente en los próximos años, sino en décadas.

“La gente veía la selva solo como un espacio para hacer milpa. Con el tiempo, nos dimos cuenta de que podíamos vivir de ella sin destruirla. Ahora tenemos planes de manejo a 50 años. Lo que sembramos hoy, lo verán nuestros nietos”, señala Héctor Arias.

Vigilar también es defender:

El Consejo de Vigilancia del ejido realiza labores para proteger el territorio frente a amenazas como la tala ilegal y la caza furtiva, además de supervisar que el aprovechamiento de los recursos naturales beneficie colectivamente a la comunidad.

“Nuestra responsabilidad es doble: por un lado, protegemos el ejido de la tala ilegal y la caza furtiva. Por otro lado, nos aseguramos de que los recursos se manejen con transparencia, para beneficio de toda la comunidad”, explica Conrado Juárez, presidente del Consejo de Vigilancia.

Esta organización comunitaria permite que las decisiones sobre la selva permanezcan también en manos de quienes viven dentro de ella.

En Nuevo Becal, conservar no significa colocar una frontera entre las personas y la naturaleza. Significa aprender a aprovechar el territorio sin agotarlo, combinar conocimientos construidos durante generaciones con nuevas herramientas y pensar en quienes todavía no han nacido.

Entre cámaras que registran el paso de los jaguares y drones que observan desde el cielo los cambios del bosque, la comunidad intenta asegurar que la Selva Maya continúe respirando.

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