Por Itzel Chan
Estamos en tiempos donde las múltiples responsabilidades han reducido los espacios de convivencia y hacer comunidad parece cada vez más difícil.
Las dinámicas laborales, familiares y personales dejan poco margen para construir redes de confianza y cuando surge la necesidad de contratar un servicio, pedir una recomendación o encontrar a alguien confiable para realizar un trabajo, la incertidumbre llega y nos preguntamos ¿a quién recurrir?, ¿dónde encontrar referencias seguras?
Frente a este escenario, mujeres en Yucatán han demostrado que organizarse es posible y lo demuestran en cada espacio, por ejemplo en las redes sociales, desde donde dan acompañamiento, economía solidaria y sororidad.

Un ejemplo es “Mercadita Feminista Yucatán”, un grupo donde es posible encontrar desde mujeres que se dedican a la construcción, carpintería y plomería, hasta oficios y servicios que muchas veces han sido invisibilizados y otros más que no imaginamos.
La iniciativa también surgió ante una realidad donde muchas mujeres viven solas y, al solicitar servicios, enfrentaban situaciones incómodas o incluso acoso.
La necesidad de sentirse seguras impulsó la creación de una red confiable, en donde se recomienda principalmente el trabajo de mujeres, pero también hay espacio para recomendar a esposos, primos, hermanos, tíos, que al final son personas de confianza y si lo son para una, lo son para todas.

Al preguntarles qué uso le han dado al grupo, qué han encontrado y si han hecho amistades, las respuestas nos dejan un claro ejemplo de comunidad:
Cuando se les pregunta qué han encontrado en este espacio, la palabra que más se repite es confianza. Michelle De Pau lo dice sin rodeos: “Confianza más que nada es la palabra que generaliza lo que me gusta de este grupo”. No es una frase menor. En su experiencia, incluso ha reclutado a integrantes de Mercadita para espacios laborales formales, y las recomendaciones han respondido con profesionalismo. La confianza, en su caso, se tradujo en empleo y en respaldo colectivo.
Para Vero CM, el grupo es “un tesoro”. Ahí ha encontrado recomendaciones de calidad, además puede expresar dudas sobre temas vulnerables y sentirse acompañada. En un entorno digital donde abundan los juicios y la desinformación, contar con un espacio seguro se vuelve un acto político.

Geovanna Freyre habla de ayuda mutua porque en el espacio puede publicar, vender, comprar y preguntar. “Nos ayudamos entre todas”, resume.
Al respecto, Andrea López Martín coincide en que la red le ha permitido fortalecer su negocio y buscar productos o servicios realizados por mujeres. Destaca que la atención “es completamente diferente”.
Estefanía Casnelo reconoce que las reglas claras y la responsabilidad con la que se maneja el grupo han hecho que lo publicado se valore y que cada intercambio,ya sea venta, compra o solicitud de servicios, ocurra en un entorno seguro.

Para Jimena Gonsenheim, la experiencia va más allá del intercambio económico. “Aquí compro, vendo, pregunto, recomiendo, organizo, participo, aprendo, comparto”, dice, describiendo una red que funciona en varios aspectos y sobre todo brindan tranquilidad, algo que no siempre se encuentra fuera de estos espacios.
Las mujeres en Yucatán han construido un entramado de relaciones laborales, recomendaciones responsables y lazos de amistad. En un contexto donde muchas veces se habla de la pérdida de comunidad, ellas demuestran que la organización en todos los espacios brinda el sentido de pertenecer a un grupo.




