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Guillo y quienes le toman el pulso a la ciudad todos los días

Hace diez años, Guillermo Castillo dudaba si tenía madera para ser reportero. Lo mandaron a la calle para averiguarlo. Desde entonces, aquí sigue.

Por Itzel Chan

Hace diez años, a Guillermo Castillo le dieron una última oportunidad, así lo recuerda incluso con risas, nerviosismo y nostalgia.

Era psicólogo, había trabajado como orientador educativo en planteles del Colegio de Bachilleres de Yucatán y durante un tiempo también fue instructor de ajedrez. Después se quedó sin trabajo y como tantas veces ocurre cuando la vida decide cambiar de dirección sin preguntar, terminó sentado frente a una computadora tratando de hacer algo para lo que nadie lo había preparado: editar un medio de comunicación.

Y él lo confiesa con honestidad: le fue mal.

Guillo (como le decimos quienes lo conocemos) cuenta sin intentar maquillar aquella parte de su historia.

“Yo no entendía qué chingados era ser un editor”.

Duró unos seis meses así, cometiendo lo que ahora describe entre risas como errores “garrafales, horrendos”, hasta que llegó el ultimátum.

Su entonces directora, decidió darle una última posibilidad:

“Esta es tu última oportunidad. Salta a la calle. Ve cómo te va. Si tienes o no madera para eso”.

No hubo una revelación cinematográfica ni una exclusiva esperando detrás de la puerta. Su primera cobertura estuvo relacionada con cultura. Poco después le encargaron conseguir una pregunta específica para un funcionario durante las actividades de Día de Muertos en la Plaza Grande de Mérida.

No lo logró, así que hizo una de las primeras cosas que aprendería en el oficio: insistir.

Persiguió al funcionario hasta obtener la respuesta que necesitaba y 10 años después, Guillo continúa en este quehacer periodístico.

En Ventanas Rotas notamos que cuando hablamos de periodistas solemos contar las grandes investigaciones, los premios, las exclusivas o las historias capaces de provocar una conversación y es necesario contarlas, pero además de ese periodismo existe otro, mucho más cotidiano y numeroso, que pocas veces recibe reflectores.

Guillo como muchos otros compañeros y compañeras llega a una rueda de prensa a las ocho de la mañana, pregunta, cubre y enseguida corren hacia otra cobertura y a otra, a otra y a otra.

En el periodismo mexicano hay muchos Guillos y nuestro Guillo yucateco nombra al diarismo “la piedra angular” de este quehacer.

“Nadie tiene el pulso más que un reportero, una reportera que esté en calle. Tiene el pulso del país, del estado. Ahí tenemos el pulso, hermano”.

Hay cosas que difícilmente aparecen en un currículum. La generosidad, por ejemplo.

Quienes hemos coincidido con él sabemos de su disposición para compartir información, ayudar a un colega, conversar y escuchar. Guillo es una de las personas más trabajadoras, generosas y empáticas que conocemos dentro del periodismo yucateco y eso, en un gremio donde a veces el ego termina ocupando demasiado espacio, también merece ser contado.

Cuando le preguntamos qué cambiaría del periodismo si pudiera pedir prácticamente un milagro, tampoco pidió fama ni mejores historias para él. Pidió que quienes dirigen los medios recuerden que alguna vez estuvieron en la calle.

“Que se acuerden los jefes de información, los directores, que alguna vez fueron gente que estuvieron cubriendo en las calles».

Y pidió algo todavía más elemental: que el trabajo de quienes reportean todos los días sea reconocido también económicamente, esto porque en el diarismo sabemos que hay jornadas largas en medio del calor de Yucatán, la multiplicación de tareas y los salarios que muchas veces no corresponden con todo lo que se exige a una sola persona.

“Sin reporteros y reporteras este ejercicio no sería posible… ¿Quién te va a decir lo que ocurre en la calle?”.

Quizá por su formación como psicólogo, o quizá simplemente por su manera de mirar a las personas, Guillo vuelve una y otra vez hacia los demás cuando habla de su propio oficio.

Y en medio de esta entrevista le hicimos una pregunta aparentemente sencilla «¿cuál es tu comida favorita?»

Aunque tarda más en responder que ante algunas de las preguntas complicadas. Piensa y dice:

“Tal vez un pipián de venado”.

Con esta comida recuerda sus años como profesor en Homún. Una familia de la comunidad lo recibió, lo hizo sentir acompañado y un día compartió con él lo mejor que tenía. Era pipián de venado.

“Me cobijó una familia hermosa que siempre recuerdo y llevo en mi corazón. Sin pedirme nada, me cobijó y me ofrecieron lo más chido que tenían»

También ama a Pink Floyd. Mucho. Tanto que lleva a la banda tatuada en la piel. Es Géminis. Es psicólogo. Fue orientador educativo. Enseñó ajedrez. Un día se quedó sin trabajo. Después fue un editor bastante malo (según su propia versión) y alguien decidió mandarlo a la calle para averiguar si podía convertirse en reportero.

Como Guillo, habrá otra reportera esperando bajo el sol. Otro periodista persiguiendo una declaración. Alguien escribiendo desde su teléfono. Otra persona preguntando por un dato que falta antes de cerrar una nota.

Sus nombres quizá nunca sean conocidos fuera de sus ciudades…pero ahí están, sintiendo el pulso de cada ciudad todos los días.

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