¿Qué sucede cuando el día que debería representar uno de los momentos más felices de la vida se convierte en una pesadilla de la que parece imposible despertar? Esta es una de las interrogantes que atraviesan Sí, acepto. Una parálisis nupcial, una pieza escénica del colectivo Kibó que explora el miedo, la inmovilidad y las tensiones que pueden esconderse detrás de una boda.
La historia comienza en la víspera de un matrimonio, cuando una novia queda atrapada en una parálisis del sueño de la que aparentemente no existe retorno. Entre imágenes perturbadoras y una realidad que comienza a distorsionarse, surge una pregunta que acompaña toda la puesta en escena: ¿la protagonista finalmente llegó al altar o está intentando escapar de él?
Con dramaturgia de Paulina Ugarte y dirección colectiva de Kibó, la obra propone una experiencia que transita entre el terror psicológico, el horror corporal y los espacios oníricos, donde los límites entre el sueño y la realidad se vuelven cada vez más difíciles de distinguir.
La propuesta nació de un texto escrito por Ugarte que, al compartirse con el resto del equipo, comenzó a transformarse a partir de experiencias personales, inquietudes compartidas y el interés por explorar nuevas posibilidades expresivas mediante el cuerpo y las imágenes.
Entre los elementos que alimentaron este proceso creativo se encuentran la figura de la novia, las experiencias de parálisis del sueño, el horror corporal y una de las leyendas más conocidas del norte de México: La Pascualita.
Una novia entre la vida y la muerte
La leyenda de La Pascualita, originaria de Chihuahua, gira alrededor de un maniquí vestido de novia cuya apariencia humana ha alimentado durante décadas distintas historias sobre su supuesto origen.
Una de las versiones populares cuenta que se trata del cuerpo de una joven que murió antes de llegar al altar. Los relatos sobre su muerte varían: algunos mencionan la picadura de un alacrán, otros una enfermedad extraña e incluso un asesinato cometido por un antiguo novio.
Esta ambigüedad se convirtió en uno de los principales detonantes estéticos de Sí, acepto. Una parálisis nupcial, particularmente por la imagen de una novia muerta y la posibilidad de representar al maniquí como una figura suspendida entre la vida y la muerte.
Para Paulina Ugarte, originaria de Chihuahua, la cercanía con esta leyenda permitió recuperar sus elementos más inquietantes y trasladarlos a una historia que también dialoga con experiencias personales.
El equipo decidió abordar esta atmósfera desde la parálisis del sueño, tomando como referencia las experiencias de Alejandro Sánchez, integrante del colectivo, quien ha atravesado episodios de este fenómeno.
De esta manera, la inmovilidad se convierte en un recurso escénico para explorar la desesperación, la pérdida de control sobre el propio cuerpo y los temores que pueden permanecer ocultos en el inconsciente.

El miedo como impulso creativo
Para la dramaturga, la escritura de esta pieza también significó un acercamiento a sus propios miedos, especialmente aquellos que aparecen durante la noche y que pueden manifestarse mediante los sueños.
“Me parecía, al escribirla, que hablaba directamente de mis miedos. Vi a los otros como cadáveres de miedos que me carcomen”, comparte Ugarte en sus notas sobre el proceso creativo.
La autora relata que escribió el texto durante distintas madrugadas de diciembre, en un periodo en el que sus propios sueños comenzaron a transformarse en pesadillas que terminaron por alimentar la historia.
“Me sumergí en el terror de las nupcias y en el lado tenebroso de los espacios oníricos, que reconocí llenos de potencia creativa”, explica.
A partir de estas experiencias, la obra construye un universo en el que la boda deja de ser únicamente una celebración para convertirse en un escenario atravesado por el miedo, la incertidumbre y la sensación de estar atrapada.
Aunque la propuesta se desarrolla desde el lenguaje del horror, sus creadores también encuentran en ella una oportunidad para dialogar sobre la violencia hacia las mujeres y las distintas formas en que el cuerpo puede experimentar la vulnerabilidad.
Una creación desde lo colectivo
Otro de los elementos que distingue a Sí, acepto. Una parálisis nupcial es su proceso de dirección colectiva, una apuesta del grupo por construir una propuesta escénica a partir de las experiencias, inquietudes y aportaciones de sus integrantes.
Este interés surgió después de una experiencia previa con el performance Guardando un adiós, una creación que el colectivo ha tenido oportunidad de presentar en distintos contextos.
En esta ocasión, Kibó decidió continuar explorando el trabajo colaborativo, integrando la dramaturgia, la interpretación y la construcción de imágenes escénicas como parte de un mismo proceso creativo.
El elenco está integrado por Anna Hernández, quien interpreta a La Mujer, mientras que Suemy Luna, Alejandro Sánchez y Paulina Ugarte dan vida a Los Otros, presencias que acompañan a la protagonista en este recorrido entre el sueño, el miedo y la pesadilla.
Así, Sí, acepto. Una parálisis nupcial propone mirar más allá de la imagen tradicional de una novia y su vestido blanco, para explorar aquello que puede esconderse detrás de una promesa matrimonial.
Una historia en la que el terror no necesariamente proviene de lo sobrenatural, sino también de los miedos personales, las expectativas sociales y la posibilidad de perder el control sobre el propio destino.
Porque, en esta ocasión, la pregunta no es solamente si la novia llegará al altar, sino si realmente desea pronunciar las palabras: “Sí, acepto”.




