Por: Miguel Cocom
La cantautora Val Hozu encuentra en las coincidencias, la nostalgia ochentera y la composición intuitiva las claves de una propuesta que comienza a abrirse camino en la diversa escena musical de Yucatán.
La canción Simétricos, de la cantautora Val Hozu, tiene acento. Acento local y acento esdrújulo. Así lo demuestran sus primeras estrofas, donde las palabras acentuadas en la antepenúltima sílaba construyen un ritmo interno que después encuentra compañía en los acordes del pop folk. Simétricos, maniáticos, lunáticos y asintomáticos: palabras que parecen perseguirse unas a otras, como si también ellas estuvieran destinadas a encontrarse.
La idea central de la canción gira alrededor de las almas gemelas, de esas personas que, sin saberlo, parecían destinadas a coincidir. No es precisamente un territorio inexplorado. Julio Cortázar escribió en Rayuela: «Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos». Eugenio Montejo, a su vez, imaginó que «La tierra giró para acercarnos», mientras que la canción Coincidir, de Alberto Escobar, convirtió en una pregunta armoniosa el asombro de encontrarse entre tantos siglos, mundos y espacios posibles.
Y actualmente, en pleno 2026, una cantautora de 23 años, radicada en Yucatán, canta: “Somos, simétricos maniáticos / que viajan, que sienten y viven / en el mismo lugar”.
La letra exige su lugar dentro de esta tradición lírica, pero hay una pequeña sorpresa detrás de esa musicalidad: Val Hozu no se sentó a buscar palabras esdrújulas ni a contar sílabas para construir la canción. Todo ocurrió de manera intuitiva.
“Normalmente, cuando escribo una canción, lo que menos hago es pensar en los detalles. Dejo que la canción solita salga”, cuenta en entrevista para Ventanas Rotas.
Su proceso comienza frente al instrumento, con un tarareo, una melodía o algunas palabras que aparecen sin demasiada vigilancia. Primero, deja que la canción encuentre su camino; después llega el momento de revisar, sustituir palabras, corregir frases y preguntarse si aquello que quería expresar realmente se entiende.
“Es un proceso muy intuitivo, de que la canción me vaya diciendo por dónde va. Suena muy hippie, pero es dejar que la canción solita empiece a salir, no juzgarme, no juzgar a la canción y ya después editar y ver qué me gusta y qué no”.
La composición ha formado parte de su vida desde los 15 años, aunque su relación con la música comenzó antes, cuando empezó a tocar el piano a los diez. En aquella adolescencia escuchaba con frecuencia a Carla Morrison, pero fue el encuentro con la música de Renee lo que terminó por transformar una actividad íntima en una vocación.
Hasta entonces, escribir canciones era algo parecido a llevar un diario personal. Después llegaron los talleres de composición, las clases y la posibilidad de pensar que aquellas historias también podían compartirse con otras personas.

Un eclipse y las personas que estaban destinadas a encontrarse
Curiosamente, Simétricos no nació de una historia romántica concreta; surgió a partir de un fenómeno astronómico.
Durante el eclipse solar de octubre de 2023, Val acudió con sus padres a una actividad de divulgación científica. Ahí escuchó una explicación sobre los movimientos de la Tierra y la Luna y sobre la razón por la que desde nuestro planeta observamos siempre la misma cara lunar.
La idea se quedó dando vueltas en su cabeza.
En esa época también estaba conociendo nuevas personas y construyendo amistades que, pese a ser recientes, producían esa extraña sensación de familiaridad que a veces aparece cuando alguien parece haber formado parte de tu trayectoria vital desde mucho antes.
“Me pareció muy lindo el concepto de simetría como una metáfora para cuando sientes que conoces a alguien de toda la vida, aunque lo acabes de conocer”, recuerda.
Así, el movimiento de los cuerpos celestes terminó convertido en una metáfora de los encuentros humanos. La canción comenzó a tomar forma alrededor de una pregunta tan antigua como la literatura amorosa: ¿cuántas cosas tuvieron que suceder para que dos personas coincidieran?
Simétricos es, además, una de las primeras composiciones de un EP que la cantautora prepara para 2027, un proyecto en el que ha trabajado durante los últimos años y cuyas canciones ya ha presentado en distintos escenarios.
Una nostalgia por los años que no vivió
La propuesta de Val Hozu no se limita al sonido. También tiene una identidad visual que parece mirar hacia otra época: walkmans, peinados, brillos y referencias a los años ochenta.
Para alguien que nació un par de décadas después, la elección podría parecer una nostalgia prestada. Sin embargo, tiene una explicación familiar y otra cinematográfica.
“Yo crecí escuchando los ochenta. A mis papás les tocó esa época”, explica.
Pero la decisión de trasladar esa estética a Simétricos surgió cuando comenzó a relacionar la historia de la canción con películas y series que exploran los encuentros, el paso del tiempo y las relaciones entre personas.
Entre sus referencias menciona Nadie nos va a extrañar, Contigo en el futuro y La vida inmoral de la pareja ideal, producciones que, de distintas maneras, recuperan la estética de décadas pasadas y juegan con la memoria, las coincidencias o los viajes en el tiempo.
La combinación terminó por darle sentido al universo visual de la canción.
“Me encanta la época. Si viniera un viajero en el tiempo y me preguntara a dónde quiero viajar, yo le diría que a los ochenta”.

Una ciudad donde cabe mucha música
Val Hozu forma parte de una escena musical emergente que en Yucatán ha multiplicado sus estilos, propuestas y espacios de expresión.
En Mérida conviven proyectos de rock progresivo, jazz rock, indie, pop, rap y folk, además de una nueva generación de cantautoras y cantautores que encuentran maneras de contar sus historias.
Para ella, si hubiera que describir esa escena con una sola palabra, sería “diversa”.
“Puedes encontrarte bandas de rock, de rock progresivo, de jazz rock, rock indie, rock pop, pero también muchísimas cantautoras que se van hacia el pop o hacia el folk mexicano”, explica.
Esa diversidad, considera, también responde al carácter cultural de Mérida, una ciudad donde confluyen distintas influencias y donde las nuevas generaciones encuentran oportunidades para crear y compartir su música.
“Mérida es una ciudad muy diversa, muy cultural, y eso también da paso a que nosotros, las nuevas generaciones, podamos crear y tener espacios para compartir nuestra música”.
En ese paisaje urbano sonoro, Val busca construir una voz propia desde la canción de autor, con influencias que van del folk mexicano al pop contemporáneo y una sensibilidad que encuentra en las experiencias personales su principal materia prima.
Los nervios también suben al escenario
A pesar del camino recorrido, Val confiesa que hay algo que todavía no desaparece cuando sube a un escenario.
“Me sigo sintiendo nerviosa, independientemente del lugar, de cuánta gente haya o de qué canciones voy a cantar. Creo que eso es muy lindo, es como la magia del escenario”.
Recuerda especialmente su primera presentación en Mérida, en el Delorean Bar, cuando compartió por primera vez sus composiciones originales ante un público de una ciudad que entonces todavía era nueva para ella.
El miedo fue tan intenso que incluso sintió náuseas antes de cantar. Sin embargo, entre los asistentes estaban familiares y amistades que acudieron a acompañarla.
Aquella noche interpretó canciones que hoy ya no forman parte de su repertorio, pero que fueron necesarias para comenzar a construir el proyecto sonoro que hoy nos comparte.
Los nervios siguen ahí, aunque han cambiado de significado. Ya no son solamente el temor de mostrar algo propio, es también la emoción de compartirlo.
Una de sus experiencias más significativas será abrir una presentación de Renee, la artista cuya música descubrió cuando era más joven y que después se convirtió en una de sus principales referencias y mentoras.
“Para mí es un sueño. Me sabía todas sus canciones. Cuando la vi en vivo, lloré. Las cosas que sé de composición, los talleres que he tomado, han sido con ella. Para mí significa el mundo”.
Actualmente, Val también se encuentra en la etapa final de sus estudios de Psicología, una carrera que espera concluir en diciembre para concentrar mayores esfuerzos en su proyecto musical.
El horizonte inmediato es 2027: publicar su primer EP, estrenar videos musicales, llevar sus canciones a más escenarios y permitir que finalmente puedan escucharlas quienes durante los últimos años se las han pedido después de sus conciertos.
De alguna manera, todo vuelve a la idea que dio origen a Simétricos: los encuentros que parecen improbables hasta que suceden.
Un eclipse, una explicación sobre la Luna, algunas amistades recientes, una canción escrita sin contar sílabas y una cantautora que comenzó componiendo como quien escribe en su diario.
Al final, quizá la simetría no esté solamente en las palabras esdrújulas ni en los movimientos de los astros. También puede encontrarse en ese instante en que una canción, después de mucho tiempo guardada, llega finalmente a los oídos de alguien que todavía no conocíamos.




