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Nada para nadie en el ring, todo para Pacquiao afuera del cuadrilátero

Por: Miguel Cocom

Este sábado 19 de julio de 2025 el MGM Grand de Las Vegas vivió una velada épica. Manny “Pacman” Pacquiao, con 46 años y tras casi cinco años de retiro, regresó al ring para enfrentar al campeón Mario Barrios (30 años) en peso welter. Con 16 años de diferencia entre ellos, Pacquiao salió desde el primer round a atacar con ferocidad, desplegando combinaciones rápidas de jab y gancho que recordaban al púgil invencible de su juventud.

Su estilo clásico brilló como en sus mejores días, sometiendo a Barrios bajo constante presión durante gran parte de la pelea. El filipino pareció dominar el ring con la energía y el coraje de un guerrero inmortal, demostrando que sus 46 años eran sólo un número.

Aunque Barrios encontró un mejor ritmo en los rounds finales, el resultado quedó registrado como empate mayoritario (dos tarjetas 114-114 y una 115-113 a favor de Barrios). El fallo desató abucheos en la multitud: la mayoría de los aficionados alentaba al “Pacman” y quedaron convencidos de que él merecía la victoria.

Ese empate supo a triunfo moral para Pacquiao: dejó claro que su corazón de campeón sigue intacto. A pesar de marcharse sin el cinturón, el veterano filipino abandonó Las Vegas con la cabeza en alto, sabiendo que había ofrecido una demostración de talento y valentía que quedará para siempre en la memoria de los fanáticos.

Pacquiao se consolida así como el héroe veterano que queda en pie, el referente vivo de la vieja guardia del boxeo. A diferencia de otros grandes del pasado, él ha regresado y “sacado la casta” en cada round. En contraste, recientemente irrumpió el fenómeno Jake Paul (27 años), quien en noviembre de 2024 sorprendió a todos al derrotar por decisión unánime al legendario Mike Tyson (58 años), dominando cada asalto.

Y en junio de 2025 Paul repitió la hazaña al superar de manera aplastante también al ex campeón Julio César Chávez Jr. (39 años). Esos eventos muestran cómo la juventud impone su ritmo, pero el combate Pacquiao-Barrios demostró que la vieja escuela aún vive: Manny devolvió al ring la esencia del buen boxeo con su ímpetu, su técnica refinada y su alma de luchador.

En resumen, este empate sabe a victoria. Pacquiao ya había derrotado en su carrera a muchos púgiles de raíces mexicanas —Barrera, Morales, Márquez, De la Hoya y otros— y hoy volvió a enaltecer el arte del pugilismo. Sus golpes precisos y su lucha aguerrida fueron una cátedra de buen boxeo, por encima del simple resultado de las tarjetas.

El Pacman demostró que, pese al paso de los años, su leyenda no se marchita: en Las Vegas alzó la bandera de la determinación y la maestría, dejando claro que la gloria del verdadero campeón trasciende cualquier empate. Con esa exhibición épica, Manny Pacquiao se consagra una vez más como un guerrero inmortal del ring, elevando el boxeo a lo más alto. Necesitamos más peleas así, necesitamos más peleadores como el Pacman.

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