Por: Miguel Cocom
El pasado 9 de agosto, con motivo del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, el INEGI dio a conocer nuevas cifras que confirman tanto la importancia de la población indígena en México como las profundas desigualdades que enfrenta.

En Yucatán, uno de cada cuatro habitantes se reconoce como indígena (24.3 %), lo que coloca al estado como el segundo del país con mayor proporción, solo detrás de Oaxaca. Esta cifra refleja el peso histórico, cultural y social de los pueblos originarios en la península.

Sin embargo, los datos también exponen una realidad preocupante: el rezago educativo sigue siendo mucho más severo entre la población indígena. En 2023, el 19.1 % de las personas indígenas de 15 años y más eran analfabetas, es decir, 1 de cada 5. En contraste, entre la población no indígena de esa misma edad, el porcentaje apenas alcanzó el 2.8 %.

La brecha se amplía aún más cuando se revisa por sexo: casi una de cada cuatro mujeres indígenas (24.2 %) no sabe leer ni escribir, frente a solo 3.1 % de las mujeres no indígenas. Entre los hombres, la diferencia es de 13.4 % frente a 2.5 %.

Estas cifras muestran que, a pesar de los discursos oficiales y de los avances en otros rubros, la educación sigue siendo un terreno desigual para las comunidades indígenas, donde el derecho básico a leer y escribir no está garantizado en las mismas condiciones.
En un estado como Yucatán, donde la identidad maya es parte esencial del presente y no solo del pasado, los números del INEGI son un recordatorio incómodo: la riqueza cultural convive con rezagos estructurales que aún no se cierran
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