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De los reportajes a los cuentos: el espíritu de Lleno de balón

Por Itzel Chan

No prometo ser imparcial:

Conozco a Miguel Ángel Cocom Mayén desde hace casi ya una década. He visto las horas que dedica a escribir, conozco los cuadernos de antaño llenos de apuntes y unos más recientes que se van recubriendo de letras.

He estado con él en las madrugadas frente a la computadora. Muchas veces mientras yo escribo mis notas o pierdo tiempo en redes sociales (Facebook principalmente porque ya soy una señora), me consta que en su caso, escribe y escribe y las veces que una historia parece no salir aun así, insiste. He visto la constancia y terquedad que le pone a cada proyecto que se propone.

Por eso sería deshonesto fingir una neutralidad al hablar de Lleno de balón, su más reciente libro de cuentos, pero precisamente porque admiro ese proceso, quise hacerle las mismas preguntas que le haría a cualquier autor y así procurar que fueran sus respuestas, más que mi opinión, las que presentaran este libro.

Miguel Cocom arroja ideas en libreta.

(Cabe aclarar que nos estamos tomando otra licencia de escribir sobre nosotros en nuestro mismo espacio, pero qué más da, por eso es nuestro).

En Lleno de balón, Miguel Ángel Cocom propone un ejercicio poco común y que desde mi perspectiva lo noto admirable porque se trata de convertir el periodismo en literatura. O como él mismo lo explica, hacer «la literatura un periodismo con calma».

El autor cuenta que los relatos nacieron de reportajes en los que había trabajado previamente. Historias reales relacionadas con el futbol que luego se propuso que tendrían una segunda vida en la ficción.

«Intenté hacer un poco el proceso a la inversa. Retomar algunas historias de reportajes en los que había participado y tratar de que esa realidad pudiera dar pie a relatos de ficción», explicó.

El autor realizando un reportaje en Dzilam de Bravo.

Los protagonistas son principalmente, niñas, niños y adolescentes de Yucatán que encuentran en un balón una forma de entender el mundo que los rodea.

Conforme avanzaba la escritura, Miguel descubrió que las infancias eran el verdadero hilo conductor del libro y entonces decidió cederles la voz sin imponer una mirada adulta sobre sus experiencias.

«Quería que ellos contaran qué es el fútbol para ellos, qué representa un balón, cómo deciden qué deporte practicar, cómo se apropian del territorio que habitan, desde una cancha comunitaria hasta una unidad habitacional. Incluso decidir hacia dónde cobrar un penal puede parecer algo pequeño para un adulto, pero cuando eres niño es una decisión enorme», relató.

Entre los cuentos que más disfrutó escribir destaca Las tortuguitas de Telchac, una historia que retrata parte de la costa yucateca a través de un torneo infantil de fútbol.

El logo oficial del equipo «Tortuguitas de Telchac Puerto».

Equipos de Progreso, Celestún, Telchac Puerto, Río Lagartos, San Felipe, Chabihau y El Cuyo descubren, durante sus viajes, que las diferencias entre sus comunidades son menores de lo que imaginaban. Las amenazas que enfrentan, como la pérdida de dunas, el crecimiento inmobiliario o la pesca furtiva, terminan siendo compartidas.

«La rivalidad en la cancha poco a poco se convierte en empatía cuando descubren que viven problemas muy similares», explicó.

Otro de sus relatos favoritos es La pelota no se mancha, una historia situada en un futuro donde las grandes marcas han colonizado prácticamente todos los espacios del fútbol, es decir los estadios, los uniformes y hasta los nombres de los propios jugadores y en medio de ese escenario, un equipo infantil de Valladolid intenta resistir.

Para Miguel Ángel Cocom, el periodismo narrativo y la literatura no son disciplinas opuestas, sino caminos que se encuentran.

«El periodismo busca cierta objetividad y la literatura permite otras licencias para mostrar la realidad desde la voz narrativa. Creo que ambas formas terminan complementándose y ayudan a contar mejor un momento determinado», señaló.

Cuando le pregunté sobre qué consejo tiene para quienes sienten miedo de escribir, respondió:

«El miedo a la hoja en blanco sólo se quita cuando ya vas por el segundo párrafo. No hay otra forma de perder ese miedo que escribiendo y leyendo. Leyendo mucho más de lo que se escribe, pero sin dejar nunca la costumbre de escribir», dijo.

Quizá esta nota no logró ser completamente imparcial, pero tampoco era la intención y lo que puedo afirmar porque me consta es que detrás de Lleno de balón hay años de trabajo, de periodismo, de literatura y de alguien que sigue creyendo que las historias nos ayudan a comprender de otra manera el mundo.

El libro está en venta en la cantina El Gallito.

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