Por Itzel Chan
¿Qué lugar ocupa la palabra hablada en una época marcada por la inteligencia artificial, las redes sociales y los dispositivos digitales? Fue una de las preguntas que más resonaron entre talleres, conferencias, concursos y conversaciones del Primer Encuentro de Narración Oral y Cultura Escrita en Maya y Español, realizado en el Centro Cultural Olimpo de Mérida, donde alrededor de 200 personas participaron durante tres días en actividades dedicadas a fortalecer la narración oral, la literatura y las lenguas originarias.
Organizado por la Librería Itinerante Edith Greaves, con el apoyo del Fondo Municipal para Creadores con Trayectoria 2026 del Ayuntamiento de Mérida, el encuentro reunió a narradores, escritores, docentes, artistas, estudiantes y público interesado en reflexionar sobre el presente y el futuro de la oralidad.
Aunque las intensas lluvias registradas durante algunos momentos del fin de semana impidieron que varias personas asistieran a las actividades para las que se habían inscrito, el interés se mantuvo constante, explicó el dramaturgo, narrador y director del Grupo 2012 Teatro, Ivi May.
«El público respondió muy bien. Hubo mucho entusiasmo desde el primer día y muchas preguntas alrededor de todas las actividades», señaló.

El concurso de narración oral en lengua maya y español fue la actividad que despertó mayor expectativa entre los asistentes y usuarios de las plataformas digitales del encuentro. Le siguieron los talleres impartidos por Elidé Soberanis Carrillo y Silvia Interián Espadas, mientras que las puestas en escena también generaron una amplia participación del público.
Sin embargo, más allá de las actividades programadas, uno de los principales resultados fue la conversación que surgió entre participantes, especialistas y asistentes.
«La gran pregunta fue dónde queda la oralidad en esta modernidad, con el internet, la inteligencia artificial y todo lo que está ocurriendo con las nuevas tecnologías», comentó May.
Mientras algunas personas manifestaron preocupación por el posible desplazamiento de la tradición oral, otras plantearon que las herramientas digitales pueden convertirse en aliadas para documentar, preservar y difundir historias, lenguas y formas de narrar que históricamente se han transmitido de generación en generación.

La palabra como memoria
Las reflexiones también giraron en torno a la memoria y la transmisión de conocimientos, así que durante la presentación del libro Xik’nal, veinte años después, de Janil Uc Tun, surgió el debate sobre cómo acercar a las infancias a la lengua y la cosmovisión maya a partir de relatos que promuevan el respeto por la naturaleza, sus símbolos y personajes tradicionales como los aluxes.
En el concurso de narración oral, varias de las historias recuperaron la memoria familiar y comunitaria.
Una de las participantes presentó un relato inspirado en la historia de su abuela, utilizando incluso una fotografía como parte de la narración. Para May, ese ejercicio mostró cómo la oralidad puede mantener presentes a quienes han transmitido conocimientos y experiencias dentro de las comunidades.

«Puede ser una abuela, una partera, un x’men o cualquier persona que haya marcado nuestra historia. La narración permite traerlos nuevamente al presente», explicó.
Otros participantes coincidieron en que contar historias también puede reducir la distancia entre generaciones, al convertirse en un puente para que niñas, niños y jóvenes conversen con sus abuelos sobre la memoria familiar y comunitaria.
Pensar la lengua maya desde el presente
En los talleres, además, surgieron reflexiones sobre la importancia de la voz, la expresión corporal y la comunicación como elementos que permiten transmitir emociones y significados incluso cuando no se comprende completamente una lengua.
El encuentro también permitió identificar el interés existente por crear más espacios para la narración oral en lengua maya.

De acuerdo con Ivi May, varios participantes señalaron que existen pocas oportunidades para compartir creaciones propias en este idioma, mientras que personas que entienden el maya, pero no lo hablan habitualmente, encontraron en las actividades una oportunidad para acercarse nuevamente a la lengua.
Las conversaciones también dejaron nuevas propuestas para futuras ediciones como talleres dirigidos a infancias, mesas de trabajo sobre las distintas formas de narración oral, proyectos que vinculen la oralidad con la divulgación científica y espacios para experimentar con formatos escénicos que dialoguen con otras tradiciones narrativas.
Para los organizadores, el balance del primer encuentro va más allá de la asistencia.
«Generó muchísimas reflexiones y también muchas ideas. Nos dimos cuenta de que hay interés y de que hay muchas cosas que todavía podemos construir», afirmó May.




