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¿Para quién está pensado el transporte público en Mérida? No para las mujeres

Por Itzel Chan

Aunque las mujeres representan la mayoría de personas usuarias del transporte público en Mérida, el sistema sigue sin estar diseñado para ellas. Esa fue una de las principales conclusiones de la charla “Mujeres y Transporte”, organizada por la asociación civil Jade Sociales, donde se presentaron datos que revelan las barreras cotidianas que enfrentan miles de trabajadoras para desplazarse en la ciudad.

Raquel Aguilera Troncoso, cofundadora de Jade Sociales, expuso los resultados de un registro voluntario levantado en 2021 que identificó a más de 48 mil mujeres dedicadas al trabajo del hogar. De una muestra de 372 entrevistadas, el 93% reside en Mérida, mientras que el 7% proviene de municipios cercanos, lo que implica trayectos más largos y costosos. Más del 60% necesita al menos dos transportes para llegar a su trabajo, el 19% requiere entre cuatro y seis, y el 15% ni siquiera usa transporte público debido a su alto costo, la inseguridad o la falta de infraestructura.

“El transporte atraviesa todos los aspectos de la vida cotidiana”, afirmó Aguilera. “Muchas de estas mujeres gastan hasta 43 pesos por día solo para ir y venir del trabajo, una cantidad insostenible para quienes viven con el salario mínimo”.

La situación se complica aún más cuando el sistema de transporte falla. Ante la ausencia de rutas o retrasos, las mujeres recurren a taxis o aplicaciones de transporte, cuyos precios pueden superar los 180 pesos por trayecto. “En muchos casos, eso significa sacrificar alimentos, medicamentos o tiempo de descanso”, agregó.

Por su parte, el Mtro. Miguel Ángel Manzanero Chan, doctorante en Ciencias Sociales por la UADY, presentó datos de su investigación sobre movilidad urbana con perspectiva de género. Tras analizar el sistema entre 2022 y 2024, encontró que el 56% de las personas usuarias del transporte público en Mérida son mujeres, en su mayoría en edad productiva y con actividades laborales, escolares o de cuidado.

“El sistema está siendo sostenido por ellas, pero no pensado para ellas”, señaló. Sus datos muestran que el 52.7% realiza entre 11 y 20 viajes a la semana, el 55% dedica entre una y dos horas al día a trasladarse, y el 18% pasa más de cuatro horas diarias en transporte. Esto implica no solo una carga económica, sino una pérdida de tiempo que podría destinarse a otras actividades vitales.

Uno de los hallazgos más preocupantes del estudio es el abandono del transporte público por parte de mujeres que sienten miedo. Entre las razones más comunes están el acoso, la falta de iluminación, las calles sin banquetas o en mal estado, y la ausencia de ciclovías seguras. Para muchas, subirse a un camión no solo implica llegar a destino, sino exponerse a riesgos diarios.

Aunque existen esfuerzos como el sistema Vaivén, que ha incorporado unidades más accesibles, la infraestructura urbana sigue sin estar a la altura: aceras rotas, terminales alejadas y sin condiciones para personas con movilidad reducida. “La accesibilidad no puede limitarse a tener rampa en el autobús si no puedes llegar a él”, subrayó Manzanero.

Ambas voces coincidieron en que Mérida necesita una política de movilidad que reconozca a las mujeres como sujetas centrales del sistema, no como usuarias invisibles. Y esto implica repensar rutas, frecuencias, accesos, costos y, sobre todo, seguridad.

Ciudades como Bogotá, Ciudad de México, Santiago o São Paulo han avanzado en este camino. ¿Qué falta para que Mérida también lo haga?

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