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En Yucatán, homicidios al mínimo… pero el suicidio lidera las cifras nacionales

Por: Miguel Cocom

Las estadísticas preliminares de defunciones registradas en 2024, publicadas por el INEGI, dibujan un contraste tan extremo como preocupante para Yucatán.

Por un lado, la entidad se ubica en el último lugar nacional en homicidios: la tasa estandarizada es de apenas 2.7 por cada 100 mil habitantes, frente a un promedio nacional de 25.6. Esto significa que, en términos de muertes violentas provocadas por terceros, el estado mantiene un escenario de seguridad que es excepción en el país. El dato contrasta con entidades como Colima (120.7), Morelos (77.5) o Guanajuato (63.4), donde la violencia homicida es un problema cotidiano.

Pero mientras el homicidio es una rareza estadística en Yucatán, la violencia que no deja marcas en la escena del crimen, pero sí en las familias y comunidades, se manifiesta con crudeza: el suicidio.

Primer lugar nacional en suicidios

La misma fuente oficial coloca a Yucatán en el primer lugar del país en suicidios, con una tasa estandarizada de 14.2 por cada 100 mil habitantes, muy por encima del promedio nacional (6.9). Le siguen Chihuahua (14.0) y Aguascalientes (12.1).

Este dato confirma una tendencia que desde hace años preocupa a especialistas y autoridades de salud: la entidad no sólo no ha logrado reducir la incidencia de suicidios, sino que permanece en la cima de la estadística nacional.

Dos violencias, dos realidades

En Yucatán, la diferencia entre homicidios y suicidios no es marginal, es abismal: por cada homicidio registrado en 2024, hubo más de cinco suicidios. Mientras la violencia homicida suele asociarse a factores como la delincuencia organizada, disputas territoriales o violencia de género extrema, el suicidio remite a un conjunto complejo de causas: problemas de salud mental, consumo de sustancias, violencia intrafamiliar, aislamiento social y carencias en la atención psicológica preventiva.

La narrativa pública que coloca a Yucatán como uno de los estados más seguros de México es real si se mide en términos de homicidios, pero omite otro frente de violencia: la autoinfligida. Esta no deja casquillos ni genera operativos militares, pero sus consecuencias son igualmente devastadoras para las familias y el tejido social.

Organizaciones civiles han advertido que la atención en salud mental sigue siendo limitada, sobre todo fuera de Mérida, y que las campañas de prevención son insuficientes para frenar un problema que cada año cobra cientos de vidas.

Más allá de la estadística

En un país marcado por la violencia homicida, Yucatán aparece como un oasis en ese rubro. Pero esa imagen puede ocultar que, en términos de muertes violentas, el principal enemigo está dentro: el suicidio como expresión de una crisis silenciosa.

Los datos del INEGI invitan a reconocer este contraste y a replantear las prioridades en las políticas públicas. Reducir aún más los homicidios es positivo, pero ignorar el fenómeno del suicidio sería mantener una herida abierta en la salud emocional de la población.

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