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Ponylandia apuesta por recuperar el contacto de la niñez con los animales

Por Miguel Cocom

En una época en la que la vida urbana y la tecnología han reducido cada vez más el contacto de los niños con la naturaleza, una pequeña granja ubicada a pocos minutos de Mérida busca recuperar una experiencia que antes era común: convivir con los animales.

Se trata de Ponylandia, una granja didáctica ubicada sobre la carretera Mérida–Tizimín, a unos 12 minutos del periférico de la ciudad, donde visitantes pueden interactuar con animales de granja en miniatura provenientes de distintas partes del mundo.

El proyecto comenzó hace más de dos décadas como un criadero de caballos miniatura, impulsado por Carlos Enrique López Rejón, quien creció en una familia dedicada a la producción lechera. Su interés por estas razas lo llevó a traer a Yucatán algunos de los primeros ejemplares de caballos Falabella y otras especies miniatura, como cabras, burros y vacas de tamaño reducido.

Con el tiempo, el lugar evolucionó hacia una granja abierta al público, donde hoy los visitantes pueden tocar, alimentar y fotografiarse con los animales en un entorno controlado y familiar.

Pero más allá del atractivo recreativo, el proyecto responde a una preocupación que su fundador considera cada vez más evidente: la pérdida del vínculo entre las nuevas generaciones y los animales.

“La generación que viene tal vez ya no tenga contacto con los animales. Se está perdiendo el espacio de los ranchos, de las granjas, y también se está perdiendo el contacto por la tecnología y por la vida cotidiana de la ciudad”, explica López Rejón.

Antes, recuerda, era común que los niños convivieran con animales aunque fuera algunas veces al año, cuando visitaban a familiares en el campo.

“Teníamos al abuelo, al tío o al padrino que tenía su ranchito o su granjita. Aunque fuera cuatro o cinco veces al año convivíamos con los animales. Hoy muchos niños ya no saben realmente qué es una gallina, una cabra o una vaca; los conocen por la televisión, pero no tienen un contacto real con ellos”, añade.

Para López Rejón, recuperar ese vínculo tiene beneficios más allá de la curiosidad infantil. En diversos países, la interacción con animales se utiliza incluso como apoyo terapéutico para niños con autismo o dificultades emocionales, ya que ayuda a fortalecer la sociabilidad, la responsabilidad y la conexión con el entorno.

La granja recibe visitantes durante toda la semana, aunque la afluencia aumenta los fines de semana y en temporadas vacacionales, cuando decenas de familias acuden para recorrer el espacio y convivir con los animales miniatura.

Actualmente Ponylandia abre de martes a domingo, de 11:00 a 15:00 horas, y la entrada general tiene un costo de 190 pesos.

En medio del crecimiento urbano de Mérida, Ponylandia se presenta como un recordatorio sencillo pero poderoso: que el contacto con la naturaleza y los animales, algo que antes formaba parte de la vida cotidiana en muchas familias, hoy se ha convertido en una experiencia que hay que buscar.

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