Pemex triplica coque y Paraíso paga la cuenta: partículas PM 2.5 invaden hogares y pulmones
Por Luma López
Fotos: Luma López y Miguel Cocom
El polvo negro ya no es solo una molestia. Es una amenaza real que se mete en las casas, se pega en los techos, en los patios y, sobre todo, en los pulmones de las familias jubiladas y pescadoras de Paraíso. La Refinería Olmeca, en Dos Bocas, está produciendo hasta tres veces más coque del que estaba diseñada y lo almacena a cielo abierto, justo frente a las comunidades costeras.
Imágenes captadas con dron muestran un montículo gigante de esa “masa negra” friable —un subproducto sólido del proceso de refinación— apilados sin techo, transportados en bandas descubiertas y manipulados en patios sin encapsular.
El resultado: picos críticos de partículas contaminantes PM10 y, peor aún, PM2.5 que pueden rebasar los límites de la NOM-025-SSA1-2021, sobre todo cuando soplan los vientos del Golfo.

La sobreproducción que nadie quería ver:
Según datos oficiales de febrero, la refinería generó alrededor de 29 mil barriles diarios de coque, equivalentes a unas 5,254 toneladas. El diseño original de la planta contemplaba apenas 8 mil barriles de coque para una entrada de 340 mil barriles de crudo. Hoy, con solo 200 mil barriles de crudo procesados, salen 29 mil barriles de coque. Es decir, entre tres y cuatro veces más de lo previsto.
“La refinería no está operando en forma correcta, sigue en pruebas”, resume el analista y asesor energético Ramsés Pech. “Pemex se salió del diseño original: mete menos crudo y produce mucho más coque de salida. Eso genera un problema de salud pública”.

El enemigo invisible: PM2.5, el que llega más lejos y más profundo:
El coque es altamente friable, se desmenuza con facilidad. Los vientos costeros constantes lo levantan y lo convierten en emisiones fugitivas. Cálculos preliminares de Pech estiman que el manejo diario podría liberar 0.8 toneladas de PM10 y 0.2 toneladas de PM2.5.
• PM10 (0.8 t): polvo grueso que se ve a simple vista, ensucia todo y causa turbidez en el aire.
• PM2.5 (0.2 t): la fracción más peligrosa. Penetra hasta los alveolos pulmonares, se queda más tiempo suspendida, viaja kilómetros y se asocia directamente a problemas cardiovasculares y respiratorios graves.
“El PM2.5 es el que más influye en la salud pública”, advierte el experto. “Aunque pesa menos, es mucho más tóxico”.

Riesgos reales para un pueblo pesquero
Los habitantes de Paraíso, dedicados principalmente a la pesca, conviven todos los días con este polvo negro que se adhiere a todo. La norma NOM-001-ASEA-2019 permite almacenamiento a cielo abierto, pero solo si se controlan las emisiones.
El problema es que los volúmenes actuales superan con creces el diseño original y el manejo genera arrastre eólico y escurrimientos pluviales contaminados.
“Urge instalar sensores de calidad del aire aquí mismo, en la costa. En todo Tabasco solo hay uno, en Villahermosa, a más de 100 kilómetros”, reclama Pech. “La gente tiene derecho a saber qué respira”.

Incidentes que no paran:
El 17 de marzo de 2026, un incendio de residuos de hidrocarburos fuera de la barda perimetral dejó cinco muertos. El 22 de enero hubo un conato de incendio interno por fuga. Y el martes 7 de abril, otra vez en la planta coquizadora: una fuente interna reveló que la elevada producción de coque y la deficiente evacuación provocaron rebosamiento de la fosa receptora. Material caliente se esparció por calles aledañas y azolvó parcialmente el drenaje pluvial. Pemex lo minimizó como “liberación de vapor”, pero los vecinos y obreros de la refinadora ya saben que no es solo vapor.
“Estos incidentes ocurren por la presión de mantener al máximo el procesamiento de crudo para compensar la parada de Salamanca”, señala la fuente interna. “Se pone en riesgo la integridad del personal y de las instalaciones”.

¿Qué es el coque y por qué es tan problemático?
El coque de petróleo es un sólido negro y poroso que queda como residuo al procesar los componentes más pesados del crudo. Se usa como combustible en cementeras y siderúrgicas, pero cuando se almacena al aire libre y se maneja sin controles modernos (domos cerrados), se convierte en una fuente constante de partículas tóxicas.
Mientras Pemex asegura que cumple la normatividad, en Paraíso las promesas de desarrollo contrastan con la realidad: polvo negro, problemas respiratorios y una incertidumbre que ya nadie quiere seguir respirando.
La investigación periodística deja claro que urge mayor transparencia, monitoreo independiente y medidas concretas de mitigación —cubiertas, sistemas de control de polvo o patios cerrados— antes de que el “coque al aire” se convierta en una crisis de salud pública irreversible para las familias pescadoras de Paraíso.




