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Juan Pech, la tecnología aplicada al mar

Por Itzel Chan / Causa Natura Media

En 2025, Juan Andrés Pech Figueroa logró algo poco común en la costa de Yucatán. A sus 25 años capacitó a pescadores para que aprendieran a construir sensores marinos para medir la temperatura del agua. Así, con el uso de esta tecnología, comenzó un ciclo de ciencia ciudadana en Chicxulub Puerto.

Juan es ingeniero en electrónica y su papá, Juan Carlos Pech Puga, conocido como el ‘Oso Marino’, le enseñó desde niño que el mar es el núcleo de la vida de la comunidad y, gracias a ello, se volvió pescador.

“Como sabemos, la situación de la pesca es complicada y como actividad ha sido siempre estigmatizada. Si eres pescador es porque te va mal en la vida o no estudiaste. Mi papá como pescador siempre me decía: si no quieres sufrir lo que hemos vivido, estudia una carrera, no seas pescador para siempre”, comentó.

Aunque Juan fue a la universidad para “no depender del mar”, la vida lo llevó a unir ambos mundos. Hoy, justamente, comparte sus conocimientos tecnológicos con pescadores de Chicxulub Puerto, Chuburná y Telchac Puerto, municipios costeros de Yucatán.

Con su guía 17 personas aprendieron a soldar, leer diagramas eléctricos, ensamblar microcontroladores y comprender cómo la temperatura del mar influye en las corrientes, la reproducción de los peces y los cambios que alteran la pesca.

“Las personas del mar saben muchas cosas. Las saben porque conocen el mar muy bien, lo que saben es por observación y experiencia, entonces combinar su experiencia y también compartirles conocimientos tecnológicos que los enriquecen o que les pueden facilitar cosas para comprender la situación actual del cambio climático es muy importante”, mencionó Juan.

El joven reconoció que su acercamiento con las comunidades surgió a partir de una convocatoria lanzada por la organización Comunidad y Biodiversidad, A.C. (COBI) en su localidad, orientada a la realización de monitoreos submarinos. Al participar en esta iniciativa, adaptó una aplicación móvil que le permitió registrar y sistematizar los datos recabados durante el trabajo en campo.

“La aplicación se llamaba ‘Los peces del Gran Caribe’, pero sólo estaba disponible para Apple y logré que estuviera al alcance de todos los pescadores en sus celulares aunque no tuvieran iPhone. Las personas de COBI vieron esto y me apoyaron para que hiciera una estancia en el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM. Ahí comencé a hacer un proyecto de desarrollo de sensores a bajo costo para las comunidades pesqueras”, narró.

Con los conocimientos que obtuvo en 2025, en Celestún, abrió conversaciones que derivaron en nuevas necesidades técnicas, como la geolocalización de boyas, lámparas y sistemas de monitoreo pensados desde el territorio.

“Mi objetivo es que las comunidades no dependan de alguien externo. Que ellas mismas puedan armar, dar mantenimiento a los aparatos que construyen y decidir qué datos necesitan. Todo eso lo van aprendiendo poco a poco y la verdad es que le agarran bien a la movida”, explicó Juan.

A la par de estas capacitaciones consolidó su trabajo como buzo monitor comunitario. Desde el 2022 forma parte de la primera generación de monitoreo biológico submarino en Yucatán y, hasta finales del 2025, había recorrido 10 comunidades y alrededor de 90 sitios monitoreados.

“Solo me falta Dzilam de Bravo”, agregó Juan, quien a su corta edad suele capacitar a pescadores que le triplican los años.

Con el tiempo, los pescadores comenzaron a confiar en él. Al inicio dudaban de su poca experiencia en altamar.

“Al principio no confiaban porque me veían joven”, recordó, pero hoy lo consultan, le piden apoyo, lo reconocen como un líder técnico y comunitario.

Además del monitoreo que realiza, Juan participó en proyectos de mayor complejidad técnica donde instaló sensores de temperatura e hidrófonos para monitorear agregaciones reproductivas de la especie mero en Áreas Naturales Protegidas (ANP) del Caribe mexicano. Estos censos acústicos identifican cuándo llegan los peces a reproducirse, si hay perturbaciones humanas y cómo los cambios de temperatura alteran sus ciclos.

Toda esa experiencia se conecta con otro de sus logros, el desarrollo de una aplicación móvil pensada desde y para pescadores. La app que comenzó como una herramienta para identificar peces locales, evolucionó hacia una plataforma de ciencia ciudadana que integra nombres científicos y en lengua maya, temporadas, hábitats y saberes tradicionales.

Para Juan, el mar también es refugio emocional y por eso para él es urgente crear proyectos que reduzcan la presión sobre la pesca y que mejoren la calidad de vida de la comunidad.

“Cuando me siento mal, voy al mar. Me meto a nadar y se me olvida todo, pero en pocos años he visto disminuir la pesca, desaparecer sitios que antes estaban llenos de vida. Mientras haya quien compre especies en veda, alguien va a pescar, por eso es importante involucrar a todos, hasta a los consumidores”, mencionó.

Este texto forma parte de la Revista Rostros, impulsada por Causa Natura, como reconocimiento al trabajo de las 10 personas que destacaron en conservación marina en México (de acuerdo a una serie de votaciones).

Aquí encuentran el resultado completo: Revista Rostros 2026.

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