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Francisco Barroso Tanoira: educar como una misión de vida

Por: Miguel Cocom

Francisco Gerardo Barroso Tanoira suele decir que la vida de una persona es una misión, no una casualidad. En su caso, esa misión ha estado marcada por la educación. Ingeniero civil de formación, docente por vocación y académico por convicción, su trayectoria ha estado guiada por una idea que resume su forma de entender la enseñanza: educar no consiste solo en transmitir conocimientos, sino en acompañar a otros en el descubrimiento de sus propias capacidades.

Cuando recibió el reconocimiento como Maestro Distinguido del Estado de Yucatán en 2023, expresó esa convicción con claridad: “Educar es la más maravillosa aventura del ser humano: ayudar a otro a descubrir, desarrollar y contribuir para el mejoramiento de la sociedad”.

Su historia comienza en el barrio de San Sebastián, en Mérida, dentro de una familia profundamente vinculada con la educación pública. Su madre, Edda María Tanoira Villanueva de Barroso, fue maestra; varias de sus tías también se dedicaron a la enseñanza o desempeñaron responsabilidades directivas en el sistema educativo. En ese entorno familiar, la docencia más que una simple profesión, era entendida como una forma de vida.

Desde niño observaba escenas que más tarde reconocerá como decisivas: su madre preparando clases de madrugada o su tía inspectora recorriendo escuelas. Aquellas imágenes cotidianas sembraron en él una idea que con los años se volvería central en su pensamiento pedagógico: educar significa acompañar, sostener y transformar.

Uno de los recuerdos que suele mencionar ocurrió durante su infancia, cuando encontró un diccionario de inglés. Aquella curiosidad por las palabras y los significados abrió una puerta inesperada hacia otra lengua y hacia un camino que, sin saberlo entonces, lo conduciría a la docencia.

Su primer acercamiento formal a la enseñanza llegó muy temprano. Siendo todavía estudiante de preparatoria comenzó a dar clases de inglés a adultos. Aquella experiencia le planteó un desafío singular: enseñar a personas mayores que él. Con el tiempo recordaría ese momento como una lección fundamental sobre la humildad que exige la docencia. Comprendió que enseñar consiste en aprender a escuchar y a construir el aprendizaje junto con otros.

De esos primeros años nació un principio que lo ha acompañado a lo largo de su carrera: el maestro debe ser puente, no muro. Para Barroso, el docente no está para levantar barreras de autoridad ni para establecer distancias infranqueables; está para facilitar el paso hacia nuevos conocimientos y oportunidades.

Su formación académica siguió inicialmente un camino distinto al de la educación. Estudió Ingeniería Civil, una disciplina que le permitió comprender el mundo desde la lógica técnica y estructural. Sin embargo, muy pronto descubrió que la realidad profesional estaba llena de dimensiones humanas que no podían explicarse únicamente con cálculos o planos.

En los proyectos de obra en los que participaba observaba equipos de trabajo, procesos de liderazgo, conflictos organizacionales y dinámicas de toma de decisiones. Aquella experiencia le hizo entender que muchas veces el éxito o el fracaso de un proyecto dependía tanto de las personas como de la técnica.

Esa inquietud lo llevó a ampliar su formación. Estudió una Especialidad en Docencia y una Maestría en Administración. Más adelante continuaría su preparación con un Doctorado en Ciencias Administrativas, un Máster en Gestión Socioeconómica y una Maestría en Filosofía.

Lejos de representar caminos separados, Barroso considera que estas disciplinas forman parte de una misma búsqueda. Para él, la ingeniería enseña a construir estructuras, la administración a comprender organizaciones y la filosofía a reflexionar sobre el sentido de las acciones humanas. En sus clases suele insistir en que un ingeniero necesita reflexión, un administrador requiere humanismo y un docente necesita ambas cosas.

La filosofía, explica, le permitió profundizar en temas como la ética profesional, la dignidad de la persona y el papel del conocimiento en la vida social. En su pensamiento académico ha insistido en que la educación y la actividad profesional deben mantener siempre un sentido humano profundo, colocando a la persona en el centro de las decisiones.

A lo largo de su trayectoria ha desarrollado su trabajo en tres ámbitos que considera inseparables: la docencia, la investigación y la consultoría. Durante veinticuatro años fue profesor de tiempo completo en la Universidad Anáhuac Mayab, donde impartió clases en licenciaturas, maestrías y doctorados. También desempeñó funciones académicas como coordinador y asistente de Rectoría.

Sus cursos han abarcado temas tan diversos como liderazgo, ética, administración estratégica, responsabilidad social, emprendimiento y métodos de investigación. También ha impartido clases en el Instituto Tecnológico Superior de Calkiní, en Campeche, y en la Universidad Autónoma de Yucatán, donde actualmente forma parte de la Facultad de Contaduría y Administración.

Paralelamente ha desarrollado una carrera en el ámbito empresarial. Ha trabajado en puestos directivos y de gestión en México, Perú y el Caribe, diseñando programas de capacitación que contribuyeron a mejorar el desempeño de equipos de trabajo y a reducir la rotación laboral.

Para Barroso, el aprendizaje no debe limitarse al aula. Con frecuencia afirma que “la empresa que aprende es una extensión de la escuela”, porque los espacios de trabajo también pueden convertirse en lugares de formación continua.

Su experiencia internacional incluye estancias académicas y profesionales en países como Singapur, Indonesia, Taiwán, Hong Kong, Arabia Saudita, Perú, República Dominicana, Ecuador y Guatemala. Estos viajes, señala, ampliaron su comprensión de la diversidad cultural y de los distintos estilos de aprendizaje. Enseñar en otro país, afirma, obliga a escuchar más y a comprender que el conocimiento se construye siempre en diálogo con el contexto.

Otra dimensión importante de su trayectoria es la investigación con impacto social. Como integrante del Sistema Nacional de Investigadores, ha desarrollado estudios sobre emprendimiento, calidad de vida laboral, gestión del conocimiento y responsabilidad social.

Sin embargo, Barroso insiste en que la investigación solo cobra sentido cuando se traduce en acciones concretas que mejoran la vida de las personas. Por ello ha impulsado proyectos de acompañamiento a comunidades de artesanos y apicultores, ayudándolos a fortalecer sus procesos productivos y su inserción en los mercados.

Con artesanos del Camino Real de Campeche ha trabajado en procesos de organización, diseño de marca y vinculación con el turismo regional. Con apicultores de la comunidad Maya Tecún I participó en la formación de una cooperativa que desarrolló productos derivados de la miel, como jabones, champús y licores, además de procesos de capacitación para negociar con hoteles y proveedores.

En estos proyectos suele aplicar un método sencillo: enseñar a hacer, hacer juntos y dejar que hagan por sí mismos. Para él, la educación auténtica es aquella que permite a las personas sostenerse con autonomía y ayudar a otros a crecer.

A lo largo de su vida ha tenido muchos profesores, pero reconoce que los maestros que realmente cambian la vida son pocos. Uno de ellos fue el ingeniero Luis Reyna Peraza, quien lo orientó en un momento en que pensaba abandonar sus clases de inglés debido a la sobrecarga académica.

Años después, Barroso le preguntó cómo podía agradecerle aquel apoyo. La respuesta fue breve pero decisiva: “haciendo lo mismo por otra persona”.

Ese consejo se convirtió en una guía ética para su vida profesional. Para él, la docencia implica reproducir ese gesto de acompañamiento con cada nueva generación de estudiantes.

En tiempos marcados por la expansión de la tecnología y la inteligencia artificial, Barroso reflexiona con frecuencia sobre el futuro de la educación. Reconoce que las herramientas digitales son inevitables, pero insiste en que el desafío consiste en enseñar a utilizarlas con sentido crítico.

En su opinión, el modelo educativo del futuro deberá centrarse más en la mentoría, el aprendizaje basado en proyectos y la resolución de problemas reales. El papel del docente, afirma, será cada vez más el de guía que acompaña procesos de pensamiento.

Por eso insiste en defender habilidades fundamentales como la lectura profunda, el cálculo mental, la formulación de preguntas complejas y el desarrollo de un pensamiento ético.

Suele resumirlo con una frase que repite a sus estudiantes: el mejor maestro no es el que tiene todas las respuestas, sino el que sabe hacer las mejores preguntas.

Cuando en mayo de 2023 recibió el reconocimiento como Maestro Distinguido del Estado de Yucatán, lo interpretó como un compromiso renovado con la educación.

Después de décadas dedicadas a enseñar, investigar y acompañar proyectos sociales, Barroso sostiene que la docencia sigue siendo una forma de construir comunidad y de transformar la realidad.

Porque, como suele recordar, cada estudiante representa una oportunidad para mejorar la sociedad.

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