Por: Miguel Cocom
En Río Lagartos existe un sitio donde la conservación y la aventura se encuentran: la UMA Itzamkanac, una Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre que desde 2012 trabaja con cocodrilos en distintas etapas de vida. Este espacio nació como una apuesta local por la preservación y la educación ambiental y se ha convertido en un punto de encuentro para visitantes y comunidad.
La experiencia permite conocer de cerca el ciclo de estos reptiles, desde los huevos y su tiempo de eclosión, hasta la alimentación de ejemplares en crecimiento. Siempre con medidas de seguridad y guías capacitados, los visitantes pueden cargar un cocodrilo, palpar su piel y tomarse una fotografía, rodeados de la naturaleza y con un mensaje de conciencia sobre la importancia de esta especie en los ecosistemas.

Además, durante el recorrido se permite tomar imágenes y video, pero sin manipular a los ejemplares más allá de lo indicado por los guías. La enseñanza central es clara: respetar a los cocodrilos, no tenerles miedo y valorar el lugar que ocupan en el ecosistema, entendiendo su papel como depredadores naturales que ayudan a mantener el equilibrio ambiental.
Mantener la UMA es un reto diario. Con recursos propios, sus integrantes adquieren el alimento de los cocodrilos: entre 500 kilos de pollo o pescado dos veces por semana. Cada ejemplar consume aproximadamente el 10% de su peso, lo que exige un esfuerzo constante para sostener su cuidado. Esta labor es parte del compromiso que el equipo ha asumido para garantizar el bienestar de los animales y, al mismo tiempo, mostrar a los visitantes el valor de la conservación.

La UMA emplea actualmente a ocho personas —tres de ellas mujeres— que se encargan de las tareas de manejo, atención y cuidado. Entre ellos está Tito, pescador local que desde 2012 combina la faena en el mar con las tardes en Itzamkanac. Como él mismo recuerda, los huracanes y la pandemia pusieron a prueba al proyecto, provocando pérdidas de animales y huevos, pero la comunidad se mantuvo firme en su decisión de seguir adelante.

Itzamkanac abre todos los días de 14:00 a 17:00 horas, y se ha consolidado como un lugar donde la educación ambiental se vive en carne propia. Más que un atractivo turístico, representa un esfuerzo comunitario por conservar y difundir el valor de los cocodrilos en el equilibrio de la naturaleza.




