Por Itzel Chan
Transitar por el Periférico “Manuel Berzunza” dejó de ser un trayecto funcional para convertirse en una experiencia que consume el doble o más del tiempo cotidiano. Lo que antes implicaba 20 minutos de traslado, hoy fácilmente se extiende a 40 minutos si corres con suerte. El avance es lento y, a los costados, el paisaje luce con árboles talados, extensiones de tierra aplanada, predios listos para convertirse en la calle principal de un nuevo fraccionamiento.
Ese es el escenario que se ha consolidado en Mérida y que ya se replica en otros municipios del estado. Adrián Guillermo Aguilar Martínez, coordinador de la Unidad Académica de Estudios Territoriales Yucatán del Instituto de Geografía (IGg) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que entre el año 2000 y 2020 el área construida de la zona metropolitana prácticamente se duplicó y pasó de 21 mil 103 hectáreas a 42 mil 186.
En ese territorio, el equipo de investigación ha identificado alrededor de 300 desarrollos inmobiliarios, concentrados principalmente en la zona norte de Mérida.

“Hay una fuerte demanda por comprar propiedades. Hay quienes compran, pero no viven aquí, entonces especulan mucho con la propiedad. Ahora en la periferia o en el centro de la ciudad se están renovando mucho las viviendas antiguas y entonces las incorporan Airbnb”, indicó el especialista.
Los estudios de la UNAM también revelan que, durante las últimas dos décadas, la llamada “ciudad blanca” ha crecido a una tasa aproximada del 2.3 %, mientras que su población lo ha hecho al 2 %. Es decir, el territorio urbano se expande más rápido que el número de habitantes. En el año 2000, la zona metropolitana de Mérida tenía cerca de 800 mil personas; para 2020, la cifra ya alcanzaba 1.3 millones.
“Es urgente que se tomen controles sobre este modelo porque dan pie a otras problemáticas como la destrucción de la vegetación y con ello disminuye la biodiversidad de los alrededores”, agregó.
De manera paralela, el gobierno estatal, sin importar el partido político en turno, ha promovido a Yucatán como el estado más seguro del país, una narrativa que se ha convertido en un imán para quienes buscan establecerse en el territorio.
“Naturalmente la famosa seguridad que se vive aquí lo vuelve atractivo hacia personas de otros estados donde está alto el índice de violencia o criminalidad”, añadió el especialista.

A ello se suma que, por décadas, Mérida ha sido el principal centro regional de la península de Yucatán, al concentrar infraestructura y servicios especializados, incluso una posición que hoy disputa con Cancún, Quintana Roo, lo que también ha incrementado su atractivo turístico. Su cercanía con la costa, zonas arqueológicas y cenotes, así como su incorporación a los circuitos de la Riviera Maya y la llegada del Tren Maya, refuerzan esta dinámica.
Aguilar Martínez detalló que el crecimiento urbano se ha dado a partir de corredores específicos hacia el norte: de Mérida a Puerto Progreso, donde se concentran conjuntos residenciales de clase media-alta y alta por ser la vía principal hacia la playa más cercana; hacia Conkal, que conecta con Chicxulub Puerto; así como hacia Motul y Sisal.
El investigador subrayó que la forma en la que crece Mérida no responde al modelo más adecuado, y que ello está vinculado, en buena medida, a una visión gubernamental de corte empresarialista, marcada por los intereses del sector privado, incluido el inmobiliario.
“La situación también afecta la disposición del agua, porque entre más te expandes, pues hay mucha mayor demanda por por agua. No tenemos monitoreos exactos de cuánto se consume de agua. El acuífero lo estamos contaminando y estamos usando agua indiscriminadamente. Entonces hay consecuencias sociales que al mismo tiempo hacen una diferencia socioeconómica entre el norte y el sur, en el caso de Mérida”, añadió.
Para avanzar hacia una ciudad más equitativa, concluyó, es indispensable impulsar políticas de desarrollo sostenible que generen oportunidades reales tanto para el sur como para el norte de la ciudad.

Más allá de las cifras, el especialista subrayó que el crecimiento urbano no puede seguir respondiendo a una lógica fragmentada ni exclusivamente al interés del mercado. Para Aguilar Martínez, el punto de partida debe ser la gobernanza urbana en la que haya participación de todos los sectores de la sociedad.
El investigador hizo énfasis en el papel que deben asumir los gobiernos locales, a quienes llamó a ser más receptivos y abiertos al diálogo con lo que verdaderamente necesita la sociedad.
“La academia puede y quiere participar, pero para ello es necesario que existan espacios formales de intercambio, reuniones y mecanismos claros de colaboración. Urge garantizar transparencia en la manera en que se toman las decisiones urbanas y de recopilar opiniones e información provenientes de distintos sectores de la sociedad”, mencionó.




