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¿Y quién se acuerda de nosotras?

Caminantes hacia el encuentro, obra de teatro que reconoce la lucha feminista en Yucatán

Por Itzel Chan

La pregunta “¿Y quién se acuerda de nosotras?” la escuché mientras caminaba por las calles del centro de Mérida, en medio del montaje escénico Caminantes hacia el encuentro, y desde entonces no dejó de acompañarme.

Pensar en teatro suele remitir a un espacio cerrado donde vemos butacas alineadas, un telón que se abre, una historia que ocurre a distancia. Pero aquí el escenario son las calles, los parques, los monumentos, la ciudad. Es también el cuerpo en movimiento, tanto de las actrices como de las personas que asistimos y entre todxs hacemos que la memoria se active al andar.

La propuesta, ideada por Liliana Hesant, con textos de Andrea Fajardo, parte de una investigación histórica sobre el Primer Congreso Feminista en Yucatán, mismo que recién cumplió 110 años de haberse llevado a cabo.

Las creadoras escénicas consultaron actas, discursos, fechas, documentos diversos, pero hay algo que no quedó registrado y se trata de qué sintieron esas mujeres, cómo habitaban sus cuerpos, qué miedos y deseos cargaban mientras discutían el derecho a la educación, al trabajo, a la palabra. En ese vacío es donde las artistas decidieron imaginar.

El punto de encuentro fue el Parque de La Mejorada y desde ahí, la obra se articula a partir de tres figuras femeninas que condensan las posturas y tensiones de aquel momento histórico.

Antes de comenzar, hay que decidir con quién caminar y quienes asistimos podríamos elegir entre la Profesora Propagandista, defensora de la educación racionalista para niñas y mujeres. La Obrera Sindicalista, trabajadora de maquila, que habla de salarios dignos, autonomía de los pueblos y de las mujeres que viven y laboran fuera del centro, en los municipios del estado. Y la Escritora Liberal, mujer culta, políglota, vinculada con los círculos intelectuales y artísticos de su tiempo.

Elegí acompañar a la Profesora. Caminamos hacia la calle 57, entre 50 y 48, donde en 1868 se fundó el primer Liceo de Niñas. Desde ahí hasta el Teatro José Peón Contreras, el trayecto se conviertió en una conversación sobre todo lo que les fue negado a las mujeres: estudiar, escribir, participar en la vida política, decidir sobre sus cuerpos, ser reconocidas más allá de la maternidad.

En La Mejorada se ubica el monumento a los Niños Héroes. Las tres mujeres lo rodean y lo cuestionan: ¿Por qué se honra un mito, mientras tantas luchas reales, encabezadas, también por mujeres, permanecen fuera del relato oficial?

En su transcurrir la obra insistió en mirar los símbolos que normalizamos como el Monumento a la Madre, construido en 1928, y aparece como ejemplo ante la exaltación de la maternidad en un momento histórico atravesado por debates sobre planificación familiar, derechos reproductivos y control del cuerpo femenino. Lo que me hizo pensar ¿Qué se celebra y qué se silencia cuando se levanta una estatua?

Las voces de la Profesora, la Obrera y la Escritora terminan por encontrarse y sus luchas convergen caminando hacia el teatro José Peón Contreras.

Actualmente la exigencia es la misma: existir en el espacio público con nombre propio.

El recorrido cerró con “Canción sin miedo”, de Vivir Quintana y con ello tuvieron voz los personajes, las actrices, el público y entonces  la exigencia se vuelve colectiva al Estado mexicano, a la historia oficial, a la memoria que insiste en olvidar.

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