Ventanas Rotas Blanco_1

Casi 3 mil registros de loros en Mérida

Por Itzel Chan

Fotos: Proyecto Santa María

Copas verdes de los árboles, situados en parques y camellones, son sitios de refugio, de alimentación y espacio de reproducción para diversas especies de loros. Así lo confirma el Monitoreo de Loros Urbanos, un ejercicio de ciencia ciudadana y monitoreo comunitario impulsado por el Centro de Difusión y Conservación Ambiental Proyecto Santa María, que documentó 2 mil 935 registros de estas aves en la zona urbana de la capital yucateca.

El monitoreo, realizado con la participación de 192 personas voluntarias, deja claro que la presencia de loros en Mérida no es esporádica. Varias especies se han adaptado al entorno urbano y al menos tres se están reproduciendo activamente dentro de la ciudad, lo que confirma que la urbe se ha convertido en un hábitat familiar para ellos.

La zona norte de Mérida concentra la mayor cantidad de avistamientos, con 2 mil 17 registros, muy por encima del resto de la ciudad. Le siguen la zona sur (271), poniente (240), centro (206) y oriente (201).

Se relaciona directamente con la disponibilidad de áreas verdes, arbolado maduro y espacios amplios, lo que refuerza la importancia de la vegetación urbana como una infraestructura ecológica que da paso a la fauna silvestre.

Sin embargo, esta concentración de reportes no significa que los loros se queden en un solo punto. Para Vanesa Martínez García, coordinadora del Programa de Monitoreo de Loros Urbanos de Mérida, es importante matizar la lectura de los datos.

“No es tanto que predominen en la zona norte, sino que hay más registros ahí. Los loros son aves grandes, se mueven varios kilómetros al día, entonces están recorriendo toda la zona urbana”.

Además, explica, el número de reportes también está ligado a la participación ciudadana.

“El grupo de monitores en esa zona es más numeroso, y obviamente eso puede influir en el número de registros”, añade.

Nueve especies registradas, algunas ya en reproducción

El monitoreo documentó la presencia de nueve especies de loros en la ciudad. Entre ellas destacan especies nativas como el loro cachetes amarillos (Amazona autumnalis), el loro frente blanca y el loro cabeza amarilla, que además se están reproduciendo en la zona urbana.

También se registraron especies como el perico pecho sucio, el loro yucateco, el loro corona azul y la guacamaya roja, esta última con registros esporádicos. A la par, se identificó la presencia de especies exóticas, como la cotorra argentina y el cotorro de Kramer, una de ellas considerada invasora.

La reproducción de especies nativas dentro de la ciudad confirma que Mérida es un espacio donde la vida silvestre encuentra condiciones para permanecer.

Uno de los hallazgos centrales del monitoreo es el papel del arbolado urbano. Se identificaron 36 especies de plantas que los loros utilizan como alimento, refugio, descanso o sitios de anidación.

Entre ellas se encuentran especies nativas y comunes en la ciudad como huaxim, chaka, ceiba, ramón, zapote, macuilís, pich y palma real, así como frutales y ornamentales como mango, almendro, guayaba, naranja agria, tamarindo, mamey, framboyán y lluvia de oro. Estos datos permiten sugerir qué árboles se siembran y también lo que afecta cuando se podan y talan.

Uno de los puntos más importantes del proyecto es la ciencia ciudadana, que permite recolectar datos que las personas entienden desde su propia observación.

“Uno de los principales objetivos del programa es generar, con el apoyo de la ciudadanía, conocimiento científico. La idea es que lo que se genera se convierta en propuestas de conservación para las especies que están habitando con nosotros en la zona urbana”, explica Vanesa Martínez García.

Del total de personas registradas como monitoras, 82.3 % se mantuvo activo, lo que fortalece la solidez de la información obtenida. La mayor participación se concentró en la zona norte (89 personas), seguida del poniente (39), centro (22), sur (22) y oriente (20).

Una historia marcada por el tráfico ilegal

La presencia de loros en Mérida también tiene un trasfondo histórico. De acuerdo con el monitoreo, en 2002, tras el paso del huracán Isidoro, se reportó el escape de 17 individuos. Para 2013, ya se estimaba una población aproximada de 30 loros cachetes amarillos en la ciudad.

A estos eventos se suman escapes, liberaciones y el tráfico ilegal de especies silvestres, una práctica que persiste pese a que los loros están protegidos por la legislación mexicana.

En México existen 22 especies de loros: 11 en peligro de extinción, ocho amenazadas y tres bajo protección especial, lo que vuelve urgente frenar su comercialización ilegal.

Aunque el tráfico ilegal suele colocarse como la principal amenaza, en Mérida hay otro factor de presión creciente: el avance de la urbanización.

“Aquí en Mérida, especialmente, la expansión inmobiliaria está cada vez más acelerada. Las especies que se están reproduciendo en la zona urbana ya están adaptadas a la ciudad. Hasta ahora, para ellas no representa una desventaja”, advierte Vanesa.

Recomendaciones para una ciudad más amigable con la fauna:

Evitar la tala y poda durante el periodo reproductivo de los loros, de enero a agosto, y revisar previamente la presencia de huecos en los árboles.

Proteger las zonas de dormidero en parques, jardines y plazas, evitando pirotecnia, eventos masivos e iluminación directa a la copa de los árboles.

Priorizar, en la naturación de áreas verdes, especies vegetales que los loros utilizan para alimentarse, descansar o anidar.

De los 11 dormideros identificados, ocho son permanentes, lo que refuerza la necesidad de su protección.

El proyecto contempla ahora la difusión de resultados a través de notas, artículos científicos, divulgación y materiales audiovisuales. Además, se dará seguimiento al monitoreo de nidos, con 33 nidos activos registrados, y se profundizará en el estudio de la cotorra argentina, para conocer su expansión, número de individuos y sitios de anidación.

Copyright ©2022 Todos los derechos reservados | Ventanas Rotas