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Jóvenes promueven la conservación desde las comunidades costeras

Por Itzel Chan

Fotos: Jesús Nolasco y Diego Flores

Durante dos años, un grupo de jóvenes ha recorrido comunidades costeras de Yucatán convencido de que la conservación también se construye desde la cultura, las historias locales y el encuentro entre las personas.

Ese trabajo tuvo uno de sus momentos más visibles con la primera edición de la Feria Marina «Manos al Mar», realizada en Dzilam de Bravo, un encuentro que reunió talleres ambientales, música, cine, arte, actividades para niñas y niños, charlas científicas y emprendimientos comunitarios con un mismo objetivo: fortalecer el vínculo entre la población y los ecosistemas marinos.

Para Saúl Ramírez, coordinador de Jardín del Pulpo y organizador de la feria, el evento representa apenas el inicio de un proyecto mucho más amplio que busca acercar la educación ambiental a comunidades donde este tipo de actividades pocas veces llegan.

«Lo que queremos es descentralizar la educación ambiental y la cultura. Queremos que este tipo de eventos crezcan y lleguen a muchos más puertos, donde a veces no es tan accesible llevar estas actividades», explicó.

Dzilam de Bravo fue elegido precisamente por su riqueza biológica y cultural. Además de acercar conocimientos sobre los ecosistemas costeros, la intención fue generar beneficios directos para la comunidad mediante la participación de comercios locales, restaurantes, hospedajes y emprendedores.

La meta, señaló Ramírez, es que en futuras ediciones se sumen más habitantes, escuelas, infancias, organizaciones y aliados, hasta convertir la feria en un espacio construido por las propias comunidades costeras.

La conservación tiene relación con la cultura:

Desde su creación, Jardín del Pulpo ha apostado por una visión distinta de la educación ambiental y además de talleres sobre biodiversidad, el colectivo trabaja con actividades culturales porque considera que proteger la naturaleza también implica fortalecer la identidad de quienes viven junto al mar.

«Sabemos que la conservación también tiene que actuar desde la cultura. Es importante rescatar las historias de los pescadores, las perspectivas de las familias, de las infancias y cómo imaginan su futuro en relación con el océano», comentó.

Para el joven organizador, la feria fue un punto de partida para ampliar este trabajo en otras regiones del estado.

Aprender celebrando el mar

Durante la feria, los asistentes conocieron temas relacionados con las especies marinas, la importancia de los ecosistemas costeros, la pesca sustentable y las principales problemáticas ambientales que enfrenta el litoral yucateco.

Sin embargo, el aprendizaje ocurrió en un ambiente distinto al de una clase tradicional.

«Qué mejor que aprender celebrando aquello que queremos conservar», expresó Ramírez.

La estrategia consistió en combinar divulgación científica con actividades recreativas para que niñas, niños, jóvenes y adultos encontraran distintas formas de acercarse a estos temas.

Los talleres ambientales, desarrollados por diversos proyectos de conservación, fueron las actividades que despertaron mayor interés entre los asistentes. También destacaron las conferencias sobre arrecifes coralinos, fotografía marina y problemáticas ambientales, así como las presentaciones artísticas, funciones de cine y espectáculos culturales.

Uno de los resultados que más entusiasmo generó entre los organizadores fue la participación conjunta de habitantes de Dzilam de Bravo con personas provenientes de otras comunidades y colectivos ambientales.

Emprendedoras locales, familias, artistas, músicos y organizaciones compartieron el mismo espacio para intercambiar experiencias sobre el cuidado del mar.

«Fue un compartir tanto desde fuera como desde dentro. Quienes vinieron encontraron la riqueza de la comunidad y, al mismo tiempo, la comunidad pudo aprender de quienes llegaron de otros lugares. Fue una aportación mutua», señaló.

Ahora, el siguiente objetivo de Jardín del Pulpo es llevar este modelo a más comunidades costeras de Yucatán y seguir demostrando que la conservación puede comenzar con algo tan sencillo como reunir a las personas para celebrar el lugar donde viven.

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