Por: Paul Antoine Matos
Bajo el sol peninsular, una decena de trabajadores realizan los trabajos de remoción de la arena en las dunas de Chuburná Puerto, comisaría de Progreso, para la construcción de un complejo turístico de “74 departamentos exclusivos” del proyecto inmobiliario Dunas, elaborado por Designia Desarrollos.
Una cerca naranja marca los límites del proyecto de Designia Desarrollos. En una lona verde colgada sobre ella se lee: Área Natural de Conservación. Un bulldózer crea una montaña de al menos cinco metros de altura con la arena que remueve. Es la arena que se conservaba entre las dunas, aglutinada por la vegetación del litoral costero yucateco: uva de mar, lirio de playa, matorrales y arbustos, riñonina, verdolaga de playa. Las especies endémicas fueron arrasadas en el cuadrante donde se construye el desarrollo Dunas.
A mediados de julio, en las redes sociales de Yucatán circuló la información del proyecto inmobiliario Dunas, causando la indignación por la deforestación del ecosistema de dunas en la comisaría.

El proyecto contará con departamentos de entre 8 millones y 13 millones de pesos, de entre 130 metros cuadrados (los primeros) y más de 250 metros cuadrados los más costosos; todos “con vista directa al mar”, aunque por lo que se apreció no está a orilla del mar, sino que hay dunas en medio.
Desde la vista aérea de Google Earth se aprecia la pérdida de las dunas causada por la construcción de casas y clubes de playa entre 2015 y 2023.


Salvemos las Dunas
Tras la indignación en redes sociales, se conformó el colectivo Salvemos las Dunas, compuesto por ambientalistas, avistadores de aves y personas preocupadas por la destrucción del ecosistema costero en Chuburná Puerto.
El 23 de julio, integrantes del colectivo acudieron al Refugio Pesquero de Chuburná, a menos de medio kilómetro del lugar donde se construyen las torres de departamentos. Realizaron encuestas y charlas con personas de la comunidad para conocer sus inquietudes sobre la realización de este proyecto. El colectivo afirmó que el comisario ejidal y el náutico de Chuburná Puerto les ofrecieron apoyo en lo que se requiera.
Aurora Rubio, del colectivo, acostumbra a pajarear en las dunas. Su principal preocupación es la fragmentación constante de la duna costera, en un proyecto tan grande como el que se construye.
El colectivo “vino desde un efecto dominó por personas involucradas, entre Mérida y Progreso, que constantemente venimos a las dunas, ya sea por hobbie, que participamos en un programa tortuguero, de monitoreo, porque avistamos aves y nuestra preocupación es la fragmentación del ecosistema para la flora y fauna endémicas, algunas catalogadas en peligro de extinción”.

Salvemos las Dunas propone unirse en colectividad para defender el territorio de procesos como el desmonte del litoral yucateco. “Las imágenes son muy claras para todo aquel que conoce un ecosistema como la duna costera, porque su fragmentación implica diversos riesgos para la erosión de las playas, para el disfrute de las personas”, declaró.
Diversidad de la playa bajo amenaza
Las dunas de arena en Chuburná Puerto se formaron como consecuencia del huracán Gilberto, que azotó el estado en 1988. A lo largo de cuatro décadas, han sido el centro recreativo de miles de yucatecos y turistas, el espacio para bañarse en el mar, tomar el sol y explorar entre la vegetación.
La vegetación diversa es el hábitat para iguanas, lagartijas, aves como la matraca yucateca, colibríes, zanates mexicanos, fragatas, crustáceos y es el sitio de anidación para varias especies de tortugas marinas.
La construcción de infraestructuras fijas, como muros corridos asentados sobre el suelo, funciona como un obstáculo que interrumpe o desvía el flujo natural de los sedimentos inducido por el viento y el oleaje. Esto detiene el transporte litoral de arena, lo que favorece procesos de erosión crónica y el retroceso de la línea de costa, explica el Manual de Dunas costeras de 2022, publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La pérdida de las dunas provoca que se concentre la energía del oleaje sobre la playa, lo que aumenta significativamente la erosión justo al pie de los muros, prosigue el Manual de Dunas costeras. Al no permitir que la duna absorba la energía de las olas de forma gradual, el agua golpea la estructura rígida y remueve la arena de la base, acelerando la pérdida de la playa.
Designia proyecta seis edificios de siete pisos en Las Dunas, por lo que podrían medir alrededor de 25 metros. Además, proyecta una piscina en medio de las dunas, en un lugar sin infraestructura de agua potable hasta el momento.
Diana Tzab, originaria de Chuburná Puerto y participante del colectivo, reconoce que crecer entre las dunas “fue maravilloso” e incluso lleva a sus hijos para que disfruten como ella en ese ecosistema, tan distinto de la vida de la ciudad. “Es algo que hemos disfrutado mucho como comunidad”.
Se motivó a participar en el colectivo porque quiere brindar información a sus vecinos. Los pescadores y guías de turistas del Refugio Pesquero indicaron que días atrás integrantes de Designia Desarrollos acudieron para entregarles chalecos. Durante la charla, se mencionó la posibilidad de devolverlos.
Prefirieron no hablar a la prensa, pero su sentir manifestaba preocupación por el proyecto inmobiliario. El 25 de julio, las cooperativas turísticas Isla Columpios, Isla Agua Azul, Isla Delfines Flamingo Tours, Isla Bonita, Isla Manglar emitieron diversos comunicados en los que manifestaban su rechazo a cualquier proyecto que amenace las dunas, los manglares o el ecosistema.
“Me dio mucha tristeza porque a veces la gente por desconocimiento no actúa o por miedo o porque no conocen realmente lo que hay detrás, ni las consecuencias que esto pudiera traer”, expresó Diana.
Este proyecto es algo que impacta de manera económica a la comunidad, porque la mayoría de las personas ahora se dedican al turismo, ya que la pesca no es redituable para ellos y esto hace que cada fin de semana o que cada temporada los visitantes dejen derrama económica para quienes estamos en la comunidad, señaló Diana. Su edificación, afirmó, impactará la infraestructura básica de la comisaría: electricidad, agua, recolección de basura.

“Hay que pensar un poquito más de qué manera nos va a impactar más que lo económico, porque Chuburná es una comunidad pequeña, tenemos restaurantes, tenemos pequeños hospedajes, tenemos guías de turista, tenemos todo eso, la gente que llega se queda aquí. Entonces meter este tipo de proyectos también va a impactar a los comercios que están en la localidad”, declaró.
A lo largo de la carretera que conecta Chuburná Puerto con Chelem y Progreso se observan decenas de carteles de otros desarrollos inmobiliarios colgados de las luminarias y postes de energía eléctrica; también varias casas construidas en años recientes sobre el ecosistema de dunas. Un toldo a la entrada del Refugio Pesquero da la bienvenida. Es de Ciudad Maderas, otro desarrollo inmobiliario tierra adentro –a 16 kilómetros de distancia– que con sus 25,000 lotes y casi 900 hectáreas se extiende como un laberinto blanco deforestado entre la verde selva de Yucatán.




