El crecimiento del turismo se convirtió en una fuente importante de ingresos para Isla Aguada, Campeche y eso trajo más embarcaciones, ruido y presión sobre la fauna. Una cooperativa local comenzó a transformar sus lanchas con motores eléctricos y ahora busca que la experiencia pueda replicarse en otras comunidades costeras.
Durante años, las lanchas han llevado a visitantes por las aguas de Isla Aguada, Campeche, para observar delfines y conocer uno de los ecosistemas más importantes del Golfo de México. El turismo creció, llegaron más embarcaciones y también aumentaron los ingresos para las familias.
Pero ese crecimiento comenzó a mostrar una contradicción porque mientras más personas buscaban acercarse a la naturaleza, mayor era también la presión sobre ella.
“Antes éramos solo cuatro lanchas de turismo en la comunidad. Hoy somos más de 30 y, entonces, ya estábamos provocando contaminación auditiva para los delfines”, cuenta Lorena Benítez, socia fundadora de la cooperativa de bienes y servicios turísticos Isla de Pájaros.
En una comunidad donde, de acuerdo con la cooperativa, el turismo representa una fuente de ingresos para alrededor del 80% de la población, abandonar esta actividad no era una opción.

Motores eléctricos para hacer menos ruido:
La cooperativa puso en marcha un proyecto para sustituir motores de combustión interna por motores eléctricos fuera de borda en algunas de las embarcaciones utilizadas para recorridos turísticos dentro del Área de Protección de Flora y Fauna Laguna de Términos.
El objetivo no era solamente dejar de utilizar gasolina sino que los motores eléctricos permiten reducir el ruido generado durante los recorridos y disminuir el uso de aceites que pueden terminar en el agua.
Según los datos del proyecto, la tecnología utilizada permite reducir hasta en un 95% el uso de aceites y eliminar el consumo de gasolina en las embarcaciones intervenidas.
Para una actividad basada precisamente en la observación de fauna, navegar haciendo menos ruido también transforma la experiencia.
Los integrantes de la cooperativa aseguran que los recorridos permiten ahora una mejor observación de animales y generan menos perturbaciones en el entorno.
“Nuestra idea no era solo cambiar los motores, era transformar el modelo de turismo comunitario”, explica Benítez.
El cambio tecnológico también implicó aprender a utilizarlo y mantenerlo, así que 10 integrantes de la comunidad, cinco mujeres y cinco hombres, recibieron capacitación para operar y dar mantenimiento a los nuevos motores. La intención es que el conocimiento permanezca en Isla Aguada y que, eventualmente, el modelo pueda extenderse a las más de 50 embarcaciones que realizan actividades turísticas en la comunidad.

La experiencia no surgió de cero:
Desde 2010, la cooperativa Isla de Pájaros trabaja en actividades relacionadas con turismo de naturaleza y conservación. Sus integrantes participaron anteriormente en la transición de motores de dos tiempos a motores de cuatro tiempos y han desarrollado proyectos relacionados con manejo de residuos, energía solar, infraestructura turística y otras ecotecnias.
La energía necesaria para cargarlos puede provenir de paneles solares, lo que además de disminuir el consumo de combustibles fósiles reduce uno de los principales gastos para quienes trabajan diariamente en el mar.
“Antes luchábamos por pagar el combustible; ahora, con la carga con paneles solares financiados por el PPD, ese dinero queda en la comunidad”, señalan integrantes de la cooperativa.
Así, la transición energética también comienza a tener efectos económicos como gastar menos en combustible significa que una mayor parte de los ingresos puede permanecer entre las familias y organizaciones locales.

De Isla Aguada hacia otras costas:
La apuesta de Isla de Pájaros no termina en sus propias embarcaciones y la cooperativa busca construir una estación comunitaria de carga solar en el muelle, incorporar más motores eléctricos y continuar con talleres de capacitación. También pretende compartir lo aprendido con otras comunidades que realizan recorridos turísticos en ecosistemas costeros frágiles.
Entre los lugares donde consideran que la experiencia podría replicarse se encuentran Isla Arena, en Campeche; Celestún, Río Lagartos y San Felipe, en Yucatán; y Cancún, Quintana Roo.
La propuesta contempla jornadas demostrativas, capacitación técnica y acompañamiento para que otras cooperativas conozcan tanto las posibilidades como los retos de sustituir los motores convencionales.
En Isla Aguada, la experiencia muestra una dimensión de la transición energética que pocas veces ocupa el centro de la conversación: aquella que no comienza con grandes infraestructuras, sino con decisiones tomadas desde las propias comunidades.
Para quienes viven de mostrar el mar, los manglares y los delfines a quienes llegan de visita, proteger el ecosistema también significa proteger su fuente de trabajo.
Y quizá ahí está una de las mayores enseñanzas de esta pequeña revolución energética porque no se trata únicamente de cambiar un motor, sino de encontrar nuevas maneras de permanecer en el territorio sin destruir aquello que permite vivir de él.




