En Progreso, entre los condominios Pluma y Lápiz hasta Chicxulub, ondea ya una bandera verde porque el mar vuelve a estar abierto para bañistas y turistas, después de semanas de incertidumbre por la presencia la mareja roja. Sin embargo, hacia el poniente, hasta Celestún, la franja continúa marcada en rojo y especialistas advierten que el agua sigue siendo un riesgo, por lo que la recomendación oficial es no entrar al mar.
El Comité Interinstitucional de Seguimiento y Evaluación de Marea Roja explicó que, aunque las mediciones más recientes muestran una tendencia a la baja en la concentración de microalgas, todavía no es suficiente para declarar segura toda la costa.

El análisis presentado por el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav) Mérida y el Laboratorio Estatal de Salud Pública confirmó que el fenómeno se mantiene activo en varios puntos, recordando que este tipo de episodios depende tanto de la dinámica del mar como de los caprichos del clima.
El sistema de banderas busca traducir la ciencia en un lenguaje comprensible para habitantes y visitantes: verde para actividades recreativas sin riesgo, amarillo para la precaución y rojo para el peligro.
Sin embargo, en los muelles y palapas de la costa, esas señales también representan otra cosa, ya sea la diferencia entre tener un día de ventas o enfrentar la incertidumbre de una playa vacía.

“La marea roja ya está en proceso de salir del polígono que va de Sisal a Chuburná. Sí hubo afectaciones al principio porque la gente de Sisal no pudo pescar varios días, pero después comenzaron a salir de nuevo. El polígono se redujo a 15 kilómetros mar adentro y en Celestún ya se está pescando de manera normal”, explicó Enrique Sánchez Sánchez, presidente de la Cámara Nacional de las Industrias Pesquera y Acuícola (Canainpesca) Yucatán.
El líder pesquero señaló que, aunque la pesca en Sisal ha sido menos regular, la flota de mediana altura ya reporta buenos arribos y espera que, conforme avance septiembre, el panorama mejore para la captura de pulpo y otras especies.

Mientras las instituciones reiteran su compromiso por “salvaguardar la salud de la población”, la realidad en la orilla es otra. La bandera roja en Celestún implica restaurantes con pocas mesas ocupadas, pescadores que prefieren no arriesgarse a salir y familias enteras que dependen de una economía golpeada por un fenómeno natural que cada año parece repetirse con mayor frecuencia.
Mientras tanto, el Comité aseguró que seguirá informando de manera oportuna, pero en las comunidades costeras, la pregunta ¿cuánto tiempo más podrán resistir las familias que viven del mar mientras la marea roja dicta el ritmo de su economía?




