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Vivir de Paz, morir en Revueltas: oxímoron escénico entre dos titanes de la literatura mexicana

Por: Miguel Cocom

Fotografías: Teatro La Rendija

Este fin de semana se presentó en la ciudad la obra de teatro Vivir de Paz, Morir en Revueltas, un montaje que imagina un encuentro imposible entre dos gigantes de la literatura mexicana del siglo XX: Octavio Paz y José Revueltas. El escenario del Teatro de La Rendija recibió las funciones los días 22, 23 y 24 de agosto, en las que el público presenció un diálogo onírico la noche en que Paz recibe, en Estocolmo, el Premio Nobel de Literatura.

Escrita por Tania Hélène Campos Thomas y dirigida por Alexandro Guerrero, la pieza reúne a Paz y Revueltas como personajes que rememoran su juventud y debaten sus ideas sobre literatura, política, libertad y el rumbo cultural del país. Entre las líneas aparecen también dardos críticos dirigidos tanto a la izquierda más dogmática como a figuras como Enrique Krauze. El montaje, surgido de una residencia artística en el Théâtre de l’Opprimé de París y producido por Puntos Suspensivos Teatro y la compañía Al Alma France, forma parte de una gira cultural México–Francia que busca tender puentes críticos a través de las artes escénicas.

El título mismo encierra un oxímoron por partida doble: por un lado, la oposición entre vivir y morir; por el otro, la contraposición simbólica entre Paz y Revueltas, tanto en su significado como en su significante. Esa tensión entre términos aparentemente irreconciliables genera una clave de lectura para lo que ocurre en escena: un diálogo crítico donde las contradicciones se convierten en motor de interpretación.

La confrontación se plantea casi como un volado: dos caras de una misma moneda que representan visiones distintas sobre la vida, la muerte, la libertad y la política. No es casual que ambos tengan obras que aluden directamente a esas dicotomías (Dios en la tierra, ¿Águila o sol?, Los muertos vivirán, El ogro filantrópico), textos que resuenan con la trama. La puesta en escena sugiere que más allá de las diferencias ideológicas existen coincidencias profundas y que el diálogo entre posturas distintas es posible, cuando prevalece la inteligencia, como en el caso de Irineo Lozano y Maximiliano Sánchez, los segundos nombres y apellidos de estos dos personajes que aquí se reencuentran.

Aunque sus trayectorias parecieron opuestas —Paz como diplomático y Nobel, Revueltas como preso político y activista comunista—, ambos nacieron en 1914, compartieron militancias juveniles y coincidieron en proyectos literarios. El montaje recupera esa raíz común para mostrar que lo que parecía distancia irreconciliable era, en realidad, punto de partida compartido.

Que esta obra se haya presentado en Mérida añade un valor simbólico innegable. Octavio Paz vivió en esta ciudad en 1937, cuando se incorporó como maestro fundador de la Escuela Secundaria Federal para Hijos de Trabajadores. Seguramente pasó alguna vez frente al edificio donde hoy se ubica La Rendija, sobre la calle 50 y a un costado de la antigua estación de trenes, sin sospechar que, casi un siglo después, en ese mismo barrio se levantaría un escenario para repensar su legado en diálogo con José Revueltas.

Vivir de Paz, Morir en Revueltas es, en el fondo, una invitación a leer o releer a dos de los intelectuales más importantes del siglo pasado. A través de este encuentro imaginario, el escenario se convierte en un espacio donde el pasado se vuelve presente, recordándonos, como escribió Octavio Paz: “Todo es presencia, todos los siglos son este Presente”. En ese presente, dos presencias contrastantes siguen dialogando con nosotros.

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