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Mujeres del mar siembran ostión y esperanza en Yucatán

Por Miguel Cocom

En Río Lagartos, una comunidad pesquera y turística al norte de Yucatán, la pesca ya no ofrece la abundancia de otros tiempos. La sobreexplotación, la pesca furtiva y el impacto ambiental han reducido drásticamente especies como el pepino de mar o la langosta. En este escenario, la cooperativa Ría Mar decidió apostar por una alternativa: el cultivo de ostiones, una actividad que combina tradición marina con innovación y que hoy es liderada en gran medida por mujeres.

La iniciativa surgió en 2020, poco después de la pandemia, cuando un proyecto piloto llegó a la comunidad. Durante dos años las y los socios trabajaron sin sueldo, únicamente con la esperanza de que la acuacultura funcionara. El esfuerzo rindió frutos: lograron levantar más de una tonelada y media de ostiones en su primera cosecha experimental, lo que les permitió obtener permisos formales y proyectar un futuro sustentable.

Para doña Guadalupe Aylane Alcocer, de 57 años, la siembra de ostiones representa algo más que un ingreso. Su esposo sufrió cinco descompresiones durante años de buceo, una de ellas lo dejó en estado vegetal durante meses. “Eso me hizo aferrarme a este proyecto”, relata. “El ostión no solo nos puede dar un rendimiento económico, también cuida el medio ambiente, porque son filtradores y devuelven nutrientes al mar”.

Su hija Aurelia Soledad Perera Alcocer, de 28 años, se integró al proyecto tras ver las dificultades de la pesca y la oportunidad de un cambio. Formada en mercadotecnia, Aurelia describe la acuacultura como “una actividad incluyente, donde cualquier persona puede participar, sin importar género ni edad”. En la cooperativa son diez integrantes, siete de ellas mujeres, lo que rompe con la tradición pesquera dominada por varones en la región.

El cultivo consiste en instalar líneas sujetas a boyas con pequeñas cajas flotantes en las que crecen los moluscos. Las socias limpian las conchas de algas, registran su crecimiento y cuidan que alcancen al menos seis centímetros antes de ser comercializadas. “Preferimos esperar un par de meses más y ofrecer un producto de calidad que vender algo pequeño y mal pagado”, comenta Aurelia.

En 2024 lograron formalizar su primer ciclo con permiso de fomento, sembrando más de 100 cajas de ostiones en una zona federal de 10 hectáreas. Aunque enfrentaron retrasos por huracanes y la llegada tardía de semillas provenientes de Tabasco, mantienen la expectativa de que esta cosecha sea incluso más abundante que la inicial. Su visión a futuro incluye diversificar con algas, callo de hacha y escama, además de generar empleos y abrir espacio al turismo gastronómico.

El sueño no se limita a vender ostiones frescos

Doña Guadalupe imagina un día en que puedan enlatar y exportar su producto. “Si esto crece como pensamos, podremos emplear a más gente del puerto y darle trabajo a nuestras familias. Queremos llegar a una planta procesadora y exportar”, asegura. Mientras tanto, ya han participado en ferias y vendido directamente a restaurantes, donde los comensales reconocen la calidad y el sabor particular de sus ostiones.

En Río Lagartos, donde el turismo de avistamiento de flamencos convive con la tradición pesquera, el cultivo de ostiones simboliza resiliencia. Las socias de Ría Mar no solo buscan ingresos, también demostrar que las mujeres pueden liderar proyectos en un ámbito históricamente masculino. “No es que queramos romper ideas”, dice Aurelia, “pero los tiempos están cambiando y nosotras queremos ser parte de ese cambio”.

Con el mar como escenario y la esperanza de una economía más justa, las mujeres de Río Lagartos han encontrado en el ostión una nueva oportunidad. Su esfuerzo recuerda que la pesca no tiene por qué ser sinónimo de agotamiento, sino de reinvención y cuidado. Y en cada concha cultivada, late la idea de un futuro distinto para las costas de Yucatán.

Para conocer más del proyecto o comprarles su producto, las pueden encontrar en:

Ría Mar

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