Ventanas Rotas Blanco_1

La Leyenda del Grandote de Cerro Azul

Por: Miguel Cocom

Carlos Manuel Hermosillo Goytortúa, mejor conocido como Carlos Hermosillo, es uno de los más grandes delanteros en la historia del fútbol mexicano. Sus 294 goles en la Liga MX lo colocan como el segundo máximo anotador histórico, a tan solo 18 de Evanivaldo Castro “Cabinho”. El número 18 no fue una casualidad en su carrera: lo acompañó en su estatura (1.88 metros), en los años de su retiro, en los torneos que marcaron su gloria y en los goles que le faltaron para alcanzar el récord.

Apodado “El Grandote de Cerro Azul”, Hermosillo encarnó la fuerza, la constancia y la fe en el gol. A lo largo de 17 años de carrera, se quedó a un suspiro del trono absoluto, pero su legado trasciende cualquier cifra. Si hubiera jugado una temporada más, quizás habría sumado los 18 goles que necesitaba para convertirse en el máximo goleador de todos los tiempos en la Primera División Mexicana. Y sin embargo, lo que logró, más de 400 goles sumando clubes, amistosos y selección, bastó para escribir su nombre con letras de oro.

El debut y la promesa

Su historia comenzó en el América, donde debutó en 1984 con un doblete frente al Atlas. A los 19 años ya demostraba que tenía instinto de depredador. Con las Águilas conquistó cinco títulos de liga, rodeado de figuras legendarias, y se convirtió en un delantero temido por su fuerza y olfato. En el América nació el mito; en La Máquina, se forjaría la leyenda.

Tras un breve paso por el Standard de Lieja en Bélgica, donde apenas jugó, regresó a México para vestir la camiseta de Monterrey, y poco después, en 1991, fichó por el club que marcaría su destino: Cruz Azul. Muchos dudaron de él por su pasado azulcrema, pero bastaron unos goles para que la afición celeste lo adoptara como su héroe.

El apogeo celeste

Con Cruz Azul, Hermosillo vivió su mejor versión. Fue tricampeón de goleo consecutivo en las temporadas 1993-94, 1994-95 y 1995-96, alcanzando cifras que pocos han igualado. En esas tres campañas, marcó 27, 35 y 26 goles respectivamente. Su presencia en el área era sinónimo de peligro, y sus remates de cabeza, su firma.

En total, Hermosillo anotó 198 goles con Cruz Azul, otra vez el 1 y el 8 entrelazados, cifra que lo consagra como el máximo goleador en la historia del club, muy por encima de ídolos como Horacio López Salgado o Juan Francisco Palencia. Casi dos centenares de veces hizo rugir al estadio, y entre todos esos goles, uno se elevó por encima de los demás.

Sangre, coraje y el título del 97

El Invierno de 1997 quedará para siempre en la memoria cementera. Cruz Azul buscaba su octavo campeonato de liga, después de 17 años de sequía. En la final ante León, Hermosillo, con costillas fracturadas y chaleco antibalas, entró al campo con el corazón en la garganta y el cuerpo al límite.

En el tiempo extra, fue brutalmente derribado por Ángel David Comizzo. El golpe le abrió el pómulo; la sangre corrió por su rostro. Pero se levantó. Tomó el balón, caminó hasta el punto penal y, con el rostro ensangrentado, ejecutó con temple inquebrantable. Gol. Cruz Azul campeón.

Ese penal le dio al club su octavo título y fue el primer y único campeonato de Hermosillo con La Máquina. El 8 para el club, el 1 para él. De nuevo, el 1 y el 8, como un código secreto que marcaba su destino.

El número que lo persiguió

Cuando colgó los botines, Hermosillo había hecho 294 goles en Liga, solo 18 menos que Cabinho. Si no hubiera emigrado al extranjero, a Bélgica y luego a la MLS con el LA Galaxy, o si hubiera jugado un año más, quizás habría alcanzado la cifra mágica. En la MLS anotó 14 goles y dio 15 asistencias, números que, de haberse sumado en México, habrían cambiado la historia.

Pero el destino prefirió dejar su leyenda abierta, incompleta, perfecta en su imperfección. Casi dos décadas de carrera y a una veintena de ser el máximo artillero del futbol mexicano. En esos números vive la mística del Grandote.

La huella del gigante

Antes de retirarse, Hermosillo también conquistó el Invierno 1998 con Necaxa, de nuevo bajo la sombra del 1 y el 8. Fue su séptimo título de liga, una muestra de que su instinto seguía vivo. Luego vino su paso por el Galaxy, su regreso efímero al América y su adiós en 2001.

En la Selección Mexicana marcó 35 goles en 90 partidos, participó en el Mundial de 1994, y fue símbolo de entrega en la era previa a los grandes contratos y las luces globales. Su historia pertenece a una generación que jugaba por orgullo, no por fama.

Los 18 del destino

Carlos Hermosillo fue más que un goleador: fue un emblema. En Cruz Azul, su figura se transformó en mito, su sangre en bandera, su gol en poesía. Quedó a 18 goles del trono, pero en la memoria colectiva, ya lo había conquistado.

Porque los números no mienten, pero tampoco cuentan toda la historia. El 1 y el 8 lo acompañaron siempre, como presagio o bendición. 1.88 de estatura. 198 goles con Cruz Azul. 18 goles faltantes. Un símbolo numérico, casi místico, que enlaza la grandeza con la nostalgia.

Y así, entre las sombras del “qué hubiera sido” y la luz de lo que fue, permanece viva la leyenda del Grandote de Cerro Azul, el hombre que hizo del gol un hábito. Los grandes delanteros utilizan el 9 en el dorsal; él prefirió usar el 27, que sumado también nos da 9. Porque Hermosillo siempre tuvo algo de matemático, se veía en los ángulos imposibles de sus remates de cabeza.

Copyright ©2022 Todos los derechos reservados | Ventanas Rotas