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Mujeres mayores: envejecer en México y enfrentar la doble discriminación

Por Itzel Chan

En México, cumplir 60 años no significa siempre alcanzar una etapa de plenitud. Para muchas personas, y en particular para las mujeres, envejecer se traduce en un doble reto porque se trata de lidiar con la discriminación por edad y con la desigualdad de género que las ha acompañado toda la vida.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) del INEGI, dos de cada diez personas mayores reportaron haber sido discriminadas en los últimos doce meses. Las cifras son similares entre hombres y mujeres, pero ellas cargan con una desventaja adicional: la invisibilización por ser mujeres y por ser mayores.

Los datos son alarmantes: casi el 40% de quienes tienen más de 60 años se consideran una carga para su familia. Y entre quienes han vivido discriminación en los últimos cinco años, destacan experiencias de burlas, maltrato o incluso la negación de servicios básicos.

“La discriminación por edad limita las oportunidades y afecta la dignidad de las personas mayores; romper con el edadismo significa visibilizarlas, reconocer su valor y garantizar su participación activa en la vida social, cultural y económica del país”, advirtió Carmen Rosillo, cofundadora y directora de operaciones de Koltin, una empresa mexicana que impulsa un movimiento denominado anti anti-edad.

Esta iniciativa, presentada en un conversatorio realizado en el marco del Día de las Personas Mayores, busca cuestionar la narrativa de que envejecer es un defecto a corregir. “Reconocer y celebrar la vejez como una etapa de autonomía, experiencia y potencial, donde los productos, servicios y políticas no buscan borrar signos de la edad, sino mejorar la calidad de vida real y la inclusión social”, subrayó Andrés Ibarra, VP de Marketing de la compañía.

Al encuentro se sumaron la actriz y activista Ofelia Medina, las periodistas Maribel R. Coronel y Concha León Portilla, así como el doctor David Corona, miembro fundador de la Asociación Mexicana de Especialistas en Demencias. Todas y todos coincidieron en la urgencia de abrir espacios de representación y diálogo que permitan valorar la diversidad etaria y combatir el edadismo.

Medina fue contundente: “La vejez se asume y no se combate. Aunque conlleva procesos degenerativos, no debe ser sinónimo de sufrimiento. Hoy existen métodos para fortalecer el envejecimiento. Compartamos con la juventud y con nuestras familias lo que significa envejecer, junto con los temores y miedos que provoca, sin olvidar la importancia de hacer comunidad”.

Más allá de la narrativa corporativa, el reto es enorme, es transformar la percepción social sobre el envejecimiento en un país que históricamente ha invisibilizado a quienes cumplen años. Reconocer el valor de la experiencia y la voz de las personas mayores no es solo un gesto simbólico, sino una estrategia de justicia social para construir un México donde todas las edades tengan cabida.

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