Por: Miguel Cocom
En Kansas no solo ocurrió el crimen que Truman Capote retrató en A sangre fría. A finales del siglo XIX, también se conoció la historia de la familia Bender, un cuarteto de asesinos seriales que sembró el terror en el Medio Oeste. Más de un siglo después, cinco mujeres mexicanas retoman ese apellido para algo muy distinto: dar vida a una banda punk que grita, resiste y transforma la rabia en música. Son Bloody Benders, y este domingo 26 de octubre a las 8 p.m. llegan al Monks Irish Pub, en el Barrio de Santiago, para encender Mérida con su sonido.
El grupo, originario de la Ciudad de México, combina horror, conciencia social y energía combativa. “Nos apasiona el terror, las películas macabras, el shock rock —cuenta su vocalista, Tatiana Soberón—, pero también nos mueve la autogestión, la comunidad y la libertad de ser una misma sin importar lo que piensen los demás”. Su nombre puede aludir a lo siniestro, pero su mensaje busca visibilizar lo que la sociedad prefiere no mirar.

En Por las que ya no están, una de las canciones más potentes de su disco 13, la banda levanta la voz por las mujeres desaparecidas en México. La letra golpea como un manifiesto:
“Este es un grito por las que ya no están
Rabia y tristeza encontrarán
Este es un grito por las que ya no están
Tarde o temprano van a pagar”.
Tatiana recuerda que muchas personas se han acercado tras escucharla, compartiendo pérdidas, abrazando a la banda, encontrando en el punk un lugar donde doler y resistir juntas. “Es una canción muy fuerte, pero también esperanzadora —dice—. Queremos acompañar a las madres buscadoras y seguir luchando desde el arte”.

Otra pieza emblemática es Monsters Revenge, una fábula sobre los abusos infantiles, donde los amigos imaginarios de la infancia cobran vida para vengar a quienes fueron violentados. Con estos temas, Bloody Benders demuestra que la furia puede ser una forma de ternura y justicia. En palabras de su vocalista: “Nuestra música busca emancipar, despertar, unir a la gente contra la apatía”.
El proyecto de Tatiana une además dos mundos que parecen lejanos: el de la biología y el del punk. Como especialista en murciélagos, lleva su pasión por estos animales al escenario: sus atuendos evocan alas, su merch incluye imágenes de quirópteros y hasta produce una cerveza llamada La Murciélaga, cuyos ingresos apoyan la conservación ambiental. “Me encanta poder usar la música para hablar de los murciélagos, para generar conciencia ecológica entre quienes quizá nunca se habían acercado a la ciencia”, explica.

Más allá de la música, Bloody Benders representa la vitalidad de la escena independiente mexicana. Tatiana, dueña del legendario bar Gato Calavera en la CDMX, sabe lo que cuesta sostener un espacio cultural alternativo: “Es difícil mantenerlo por los permisos, el acoso, los prejuicios. Pero cuando ves a morritos y adultos mayores compartiendo arte y música, vale la pena. Es resistencia pura”.
En 1978, el grupo inglés Crass escribió que “el punk está muerto”. Cuarenta y siete años después, cinco mujeres mexicanas demuestran lo contrario: el punk no solo respira, late con el pulso del activismo y la rebeldía, escribe con su mano y con el brazo extendido de una causa. Este domingo, en el Monks Irish Pub, Bloody Benders traerá a Mérida un ritual de catarsis, conciencia y ruido hermoso.




