Por: Miguel Cocom.
Fotos: Miguel Cocom y Periodismo en Voz Alta
En pleno corazón de Mérida, entre el Museo de la Ciudad y los mercados San Benito y Lucas de Gálvez, un grupo de periodistas decidió llevar sus palabras más allá de las pantallas. Micrófono en mano, compartieron en voz alta los reportajes que suelen habitar en medios digitales o impresos. Así, la información volvió a su forma más humana: la oralidad.
La actividad formó parte del colectivo Periodismo en Voz Alta, una iniciativa surgida de un tuit de la periodista Patricia Ramírez, quien lanzó una invitación simple pero poderosa: “Busco amistad (periodista) honesta para organizar espacios de lectura en voz alta de reportajes. Nomás porque sí, por leer, por compartir, por sentir el golpe de la realidad en compañía”. A partir de esa chispa nació un movimiento que hoy tiene presencia en Yucatán, Jalisco, Ciudad de México y Sonora.

Las integrantes de Periodismo en Voz Alta fueron invitadas recientemente al #FestivalContarnos2025
En esta edición, realizada el sábado 25 de octubre, fue invitada la periodista Itzel Chan, quien leyó fragmentos de su reportaje “Sorbo a sorbo, tierra y agua: los Xúuch en Yucatán”, publicado originalmente en Ventanas Rotas. Frente a transeúntes, comerciantes y visitantes del centro histórico, su voz tejió la historia de los pueblos mayas que producen bebidas tradicionales como símbolo de identidad, resistencia y relación con la tierra.

El objetivo, explica Patricia Ramírez, es “dejar la parte digital, salir de las redes, acercar el periodismo a la gente de otra forma, que sea presencial, y devolverle al oficio su dimensión más comunitaria”. La propuesta se ha convertido en un acto de resistencia ante la velocidad del mundo digital y la saturación informativa que inunda los medios y redes sociales.
Para la periodista Cecilia Abreu, “Periodismo en Voz Alta es una pausa al ruido. No son nuestras voces las que deben destacar, sino las de quienes nos hablan para contar sus historias. Leerlas en la calle nos permite reconectar con ellas y con el público, sin pantallas de por medio”. Sus palabras reflejan el espíritu del proyecto: volver a mirar y escuchar, más que a consumir.

La también integrante del colectivo, la periodista Lilia Balam, destaca el valor de los gestos cotidianos: “Cuando alguien se detiene a escuchar, aplaude o comparte una experiencia similar, entendemos que esto tiene sentido. Leer en voz alta genera comunidad y memoria compartida; nos recuerda que el periodismo no solo informa, también acompaña”.

Durante la jornada en Mérida, cada lectura abrió un diálogo con el territorio: la crisis del agua, la vida comunitaria, la naturaleza y los oficios. Lejos del algoritmo y la prisa, Periodismo en Voz Alta propuso algo tan sencillo como transformador: detenerse a escuchar.




