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Va y Ven, entre la modernización y el riesgo de descarrilar

Por: Redacción

El sistema de transporte público Va y Ven, presentado como un emblema de modernización durante la administración de Mauricio Vila Dosal, atraviesa hoy una crisis que combina fallas tecnológicas, presiones financieras y tensiones políticas. Su futuro, advierten especialistas, dependerá de que el actual gobierno logre resolver los problemas estructurales sin desmontar los avances alcanzados en materia de movilidad y dignidad urbana.

Un modelo con deudas pendientes

El analista Eduardo Monsreal Toraya, del Observatorio de Movilidad Sostenible de Mérida, explica que el sistema arrastra problemas de origen. Entre ellos, un esquema financiero basado en kilómetros mínimos garantizados que no corresponde con la operación real de las unidades.

“Se estiman pagos sobre recorridos diarios de hasta 270 kilómetros, cuando en realidad los autobuses cubren entre 200 y 210”, señala Monsreal. “Ese desfase genera una presión presupuestal constante que hoy se traduce en retrasos de pago y tensiones con los concesionarios”.

A esta sobrestimación se suma la ausencia de una reingeniería de rutas, una tarea que nunca se concretó, pese a la renovación de unidades y la digitalización del sistema.

“El servicio es más cómodo y seguro, pero no más eficiente”, explica el especialista. “Sin rutas troncales ni alimentadoras bien conectadas, los tiempos de traslado siguen siendo excesivos, y eso hace que el transporte público no compita frente a la moto o el automóvil”.

Tecnología que no funciona

Uno de los puntos más críticos, añade Monsreal, es el fallo persistente del software de monitoreo y recaudo, descrito como “el cerebro del sistema”. Desde inicios de año, usuarios han reportado errores en las tarjetas, fallas en las recargas y pérdida de datos en la localización de las unidades.

“Si el sistema de monitoreo no funciona, todo falla”, advierte. “No se puede cobrar correctamente, ni supervisar la operación, ni sancionar a los choferes que exceden la velocidad. Eso pone en riesgo tanto la sostenibilidad financiera como la seguridad vial”.

El peso de la deuda y el riesgo de colapso

El paro de conductores de la ruta Circuito Metropolitano ocurrido a inicios de octubre fue la primera señal visible de un problema financiero mayor. Según el Observatorio, la deuda acumulada con transportistas crece “como una bola de nieve”, y el sistema podría enfrentar el mismo destino que proyectos fallidos como el Transbus de Villahermosa, Tabasco, si no se actúa con urgencia.

“Sería necesaria una declaratoria de emergencia para reestructurar los compromisos financieros y replantear el fondo estatal de movilidad”, propone Monsreal. “No se trata de subir tarifas, sino de revisar los mecanismos de subsidio y de gestión del sistema”.

Una política pública con dilemas éticos

Más allá de los números, la discusión sobre el Va y Ven plantea una pregunta de fondo: ¿para quién se diseña la movilidad en Mérida?

Organizaciones como la Coalición de Movilidad Segura, integrada por CicloTurixes y el Observatorio de Movilidad, recuerdan que las llamadas horas valle, cuando los camiones van semivacíos, son precisamente los momentos en que viajan mujeres cuidadoras, personas mayores o con discapacidad.

“No hay viaje inútil cuando alguien lo necesita”, señala la coalición en un comunicado. “El transporte público no debe medirse por su rentabilidad contable, sino por su capacidad de brindar certeza y dignidad”.

Lo que debe preservarse

Monsreal enumera algunos elementos “irreductibles” que el sistema debe conservar:

  • Mantener el modelo de pago por kilómetro, pero con datos reales y verificados.
  • Garantizar la accesibilidad universal y adecuar la infraestructura peatonal.
  • Apostar por cruces seguros e intermodalidad en lugar de grandes estaciones cerradas.
  • Fortalecer el centro de monitoreo y control, cuidando la calidad de los proveedores tecnológicos.

Entre la percepción y la urgencia

El gobernador Joaquín Díaz Mena ha reconocido los “grandes retos” del sistema y prometió consolidar un modelo moderno y accesible. Sin embargo, los usuarios siguen enfrentando incertidumbre y los operadores, pagos atrasados.

Entre la pugna política y los fallos técnicos, el Va y Ven se mueve en un punto de inflexión: o se robustece con visión de largo plazo, o corre el riesgo de repetir el ciclo de improvisación que ha marcado la historia del transporte en Mérida.

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