En Mérida, el cine independiente vuelve a abrirse paso con fuerza. A once años de su primera edición, Libre Cinema Festival regresa con casi 20 largometrajes, siete programas de cortos y la presencia de cineastas que han apostado por contar historias desde los bordes, desde los territorios y desde los cuerpos que pocas veces entran al centro del encuadre.
Para Emmanuel Tatto Pérez, director y programador del festival, esta edición confirma algo que en Yucatán ya se siente desde hace varios años: “No hay otra plataforma como esta en la Península, es decir, un festival que difunda de manera exclusiva el cine regional y mexicano”. Un espacio para mirar(nos), para reconocer que el séptimo arte también nace desde el sur.
Con más de una década de trabajo, el festival ha logrado lo que muchos proyectos culturales en la región siguen buscando: consolidar una curaduría profesional sin perder la raíz comunitaria, mejorar la logística y seguir tejiendo alianzas que sostengan el espacio sin sacrificar independencia.

Cine que nace del territorio
Bajo el lema Libre, el festival adopta al pájaro Toh como símbolo y manifiesto. Para Tatto, no es solo una imagen gráfica: es una declaración de identidad. “Es un ave peninsular libre, como el cine que se gesta aquí”, comparte.
La secretaria de Cultura, Patricia Martín, coincide en que ese gesto no es menor: “El cine, como la cultura, es un acto de encuentro”. Y en esta edición, ese encuentro se expande con fuerza hacia el sur-sureste: Tabasco, Chiapas, Quintana Roo y, por supuesto, el interior de Yucatán.
Una de las historias que encarna esa mirada es “Cremita de coco”, de la cineasta Martha Uc, filmado en Sudzal. Un corto de 16 minutos protagonizado por Cendi, una madre que vende cremitas de coco para sostener a su familia entre anhelos, cansancio y resiliencia. “No solo hay que descentralizar de la Ciudad de México, sino también de Mérida”, dice Martha, quien dedica la pieza a su madre, originaria de Hocabá.
Ese día, Cendi venderá sus cremitas a 25 pesos, como guiño directo a la vida que inspiró la película.

Programación que cruza luchas, sensibilidades y geografías
La cartelera se mueve entre propuestas premiadas en festivales nacionales, cine con enfoque feminista, LGBT+ y apuestas vanguardistas. Algunas funciones contarán con la presencia de sus realizadores, reforzando ese puente directo entre público y creadorxs:
- 15 de noviembre (19:30 h) – Inauguración con Aún es de noche en Caracas
- 16 de noviembre (17:30 y 19:45 h) – Say Goodbye y Boca Vieja con sus directorxs
- 17 de noviembre (19:30 h) – Llamarse Olimpia con Indira Cato
- 19 de noviembre (20:00 h) – El fin de las primeras veces con Rafael Ruíz Espejo
- 21 de noviembre (20:00 h) – Un techo sin cielo con Diego Hernández
- 22 de noviembre (19:20 h) – Clausura con La eterna adolescente de Eduardo Esquivel
Los boletos van desde 40 pesos por función hasta 299 por el acceso total al festival.
Impulsar cine desde la Península: no solo proyectar, sino crear
Libre Cinema Festival también ha crecido como plataforma de formación y producción. Este año lanzaron dos convocatorias:
- Cortometraje
- Apoyo a la Producción
Ambas tuvieron un impacto notable: la convocatoria de cortos recibió casi 300 propuestas, muchas de ellas internacionales. La selección estará a cargo del Jurado Joven, integrado por personas de 18 a 27 años de toda la Península.
Los premios serán de 15 mil pesos para cortometraje y 35 mil para producción.
Las personas ganadoras se anunciarán el sábado 22 de noviembre.
Un festival que resiste como puede: alianzas, apoyos, comunidad
En la Península, sostener un proyecto cultural durante más de una década es un acto de resistencia. Este año, Libre Cinema Festival cuenta con el apoyo de Sedeculta, UNAY, Imcine–Focine, así como de organizaciones y pequeños emprendimientos que apuestan por lo local: Payasita Inc, Vive Fundación, Pan Montejo, La Lupita, Tinoc y más.
El cine que se hace en Yucatán no solo quiere ser visto: quiere mantenerse vivo.
Y como todo lo que resiste, necesita comunidad.




