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Yucatán: luces y alertas en el mapa nacional de seguridad

Yucatán cerró 2025 con la tasa de homicidio doloso más baja del país: 1.3 casos por cada 100 mil habitantes. El estado aparece en el extremo opuesto del mapa nacional junto con Durango y Coahuila, consolidándose como una de las entidades con menor incidencia en este delito. En un país marcado por niveles elevados de violencia, el dato no es menor y confirma que, al menos en este indicador, la entidad mantiene una posición privilegiada.

Sin embargo, el propio informe advierte que reducir la conversación a “bajó el homicidio” es insuficiente. La violencia letal —subraya— debe leerse como un conjunto que integra homicidio doloso, feminicidio, desapariciones y otros indicadores relacionados. Analizar solo una categoría puede ocultar desplazamientos hacia formas de violencia menos visibles pero igualmente graves.

En el indicador de violencia letal total, Yucatán también se ubica en el rango más bajo del país, con una tasa que parte de 10.5 por cada 100 mil habitantes. Es el “piso” del mapa nacional. No obstante, estar abajo en la tabla no significa que el fenómeno esté resuelto: implica, más bien, que las capacidades institucionales deben sostenerse y fortalecerse para evitar retrocesos.

Ahí es donde aparecen las alertas. En 2025, los feminicidios registraron un incremento de 41% respecto al año anterior. El dato rompe la narrativa de estabilidad total y obliga a mirar con mayor atención las políticas de prevención, protección y acceso a la justicia para las mujeres. Cuando sube el feminicidio, la percepción de tranquilidad pierde sustento.

Las desapariciones también crecieron, con un aumento de 36% frente a 2024. El informe es claro: no deben analizarse por separado, porque pueden funcionar como un indicador de violencia extrema y, en ciertos contextos, como mecanismo de ocultamiento de otros delitos. Su evolución merece un seguimiento puntual y transparente.

El balance para Yucatán, entonces, es doble. Por un lado, mantiene el homicidio doloso en niveles históricamente bajos. Por otro, enfrenta señales que no pueden minimizarse. La seguridad no es una sola cifra: es una suma de realidades que deben atenderse al mismo tiempo. Sostener lo que funciona y corregir lo que crece será la clave para que el estado no solo aparezca bien en el mapa, sino que garantice condiciones de paz completas y duraderas.

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