Muchas veces el miedo hacia las serpientes nace del desconocimiento. Crecer escuchando que todas son peligrosas o que deben ser eliminadas al encontrarlas ha contribuido a que estos reptiles sean perseguidos, pese a que la mayoría representa un riesgo mínimo para las personas y cumple funciones esenciales en la naturaleza.
Con esa idea en mente, integrantes de Ventanas Rotas participamos en el taller teórico-práctico «¡Cuidado con la Wolpoch!», un espacio de aprendizaje sobre el manejo seguro de serpientes que, además de enseñarnos aspectos básicos sobre su biología, nos ayudó a comprender por qué estos animales merecen respeto y protección.
La capacitación fue impartida por Luis Fernando Díaz Gamboa, director de la Red para la Conservación de los Anfibios y Reptiles de Yucatán, quien explicó que en el mundo existen alrededor de 3 mil 460 especies de serpientes, pero únicamente 15 por ciento posee un veneno potencialmente letal para las personas.

Durante el taller aprendimos que las serpientes son reptiles pertenecientes al grupo de los escamosos y poseen adaptaciones sorprendentes. No tienen párpados, por lo que nunca cierran los ojos; tampoco cuentan con oído externo, pero son capaces de percibir las vibraciones del suelo apoyando la mandíbula sobre la superficie.
También utilizan su característica lengua bífida para captar partículas del ambiente que les permiten orientarse y localizar alimento, mientras que muchas especies recurren a estrategias como la cripsis, que les ayuda a camuflarse con el entorno, o al aposematismo, mediante colores llamativos que advierten a posibles depredadores.
Otro dato que sorprendió fue la riqueza de especies que habitan en la Península de Yucatán. En la región se han registrado 52 especies en Yucatán, 56 en Campeche y 54 en Quintana Roo, incluidas tres especies acuáticas. La enorme mayoría no representa un peligro para las personas.

Uno de los principales mensajes del taller fue que las serpientes desempeñan un papel indispensable en el equilibrio de los ecosistemas. Al alimentarse principalmente de pequeños vertebrados y otros animales, ayudan a regular poblaciones que de otra manera, podrían convertirse en plagas.
Además del conocimiento científico, el espacio permitió reflexionar sobre la importancia de cambiar nuestra relación con estos reptiles. En lugar de reaccionar con miedo o violencia al encontrarnos con una serpiente, conocer su comportamiento y saber cómo actuar reduce riesgos tanto para las personas como para la fauna silvestre.
Díaz Gamboa insistió en que aprender sobre las serpientes también significa aprender a convivir con ellas. Entender que no todas son venenosas, conocer su función ecológica y dejar atrás los mitos es un paso importante para proteger una parte fundamental de la biodiversidad que comparte el territorio con nosotros.





