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Mujeres defienden el Usumacinta con organización comunitaria y restauración ambiental

En la cuenca del río Usumacinta, en Tabasco, un grupo de mujeres ha convertido la organización comunitaria en una herramienta para enfrentar la degradación ambiental, fortalecer la participación social y construir alternativas de desarrollo desde los propios territorios.

La asociación civil Mujeres, Organización y Territorios (Moots) impulsa un modelo de trabajo que combina conservación ambiental, gobernanza comunitaria y justicia climática, con un énfasis especial en la participación de mujeres, juventudes e infancias.

La organización nació ante la necesidad de fortalecer el tejido comunitario y abrir espacios donde las mujeres pudieran participar en la toma de decisiones sobre el futuro de sus comunidades. Para ello, promueve las Comunidades de Aprendizaje Local (CAL) y una red regional que articula esfuerzos en torno a la producción sustentable, la conservación y la defensa del territorio.

«Cada mujer que aprende algo nuevo es una semilla que germina en la comunidad. Nosotras no solo hablamos de cambio, lo sembramos en la tierra y en nuestras vidas», afirma Bárbara Alejo, integrante de Moots.

Restaurar la cuenca desde las comunidades

El trabajo de la organización se centra en la cuenca del Usumacinta, entendiendo que el agua, los bosques, los suelos y las comunidades forman parte de un mismo sistema.

Ante el avance de la deforestación, los monocultivos y los efectos cada vez más visibles del cambio climático, las comunidades impulsan acciones como la reforestación con especies nativas, la restauración de suelos, la limpieza de cuerpos de agua y la instalación de sistemas de captación de lluvia para reducir la vulnerabilidad durante las sequías.

«La gente piensa que la selva siempre estará ahí, pero no es así. La han ido destruyendo poco a poco, y con ella, nuestra forma de vida. Por eso sembramos árboles, protegemos el agua y cuidamos el suelo», señaló Dominga del Carmen Alejo Córdoba, promotora ambiental de Moots.

La organización también acompaña la transición hacia modelos agroecológicos. Uno de los casos es el de Lázaro Chavarría Mosqueda, productor que transformó un antiguo potrero en una parcela con limones, naranjas, mandarinas, caimitos, pitahaya, plátanos y otras especies de la región.

«Cuando sembramos árboles, los animales regresan», comentó.

Además de ser uno de los ríos más importantes de México, el Usumacinta forma parte de una ruta migratoria utilizada por personas que buscan llegar al norte del continente.

Ante esa realidad, Moots ha generado espacios de encuentro para mujeres migrantes provenientes de países como Honduras, Guatemala, El Salvador, Venezuela y Cuba, donde pueden compartir experiencias, recibir acompañamiento y fortalecer redes de apoyo.

«Aquí las mujeres migrantes llegan con miedo, pero se van con una sonrisa. Les damos un espacio para que hablen, compartan y sanen», explica Bárbara Inés Alejo Velázquez.

Como parte de su estrategia de largo plazo, la organización involucra a niñas, niños y jóvenes en actividades de reforestación, cuidado del agua y educación ambiental.

El objetivo es que las nuevas generaciones comprendan la importancia de conservar la cuenca y participen activamente en la construcción de comunidades más resilientes frente al cambio climático.

Para Moots, cada árbol plantado, cada taller y cada espacio de participación representan una forma de fortalecer la relación entre las personas y el territorio, demostrando que la defensa ambiental también se construye desde la organización comunitaria y el liderazgo de las mujeres.

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